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Al otro lado de la barricada

POLÍTICA. Poco se sabe de quiénes conforman este grupo nacido de manera espontánea en el país.
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"Mestizo" prefiere no dar su nombre por razones que son obvias. Su vida cambió por completo el 18 de octubre del año pasado y se convirtió en un "primera línea" en medio de las protestas de la capital regional.

Aquellos fueron tiempos de cambios profundos para él. Poco antes de esa fecha había fallecido su padre y, días después, nació su primera hija, instantes potentes que se complementaron con una consciencia plena del rol y responsabilidad que quería asumir ante los problemas del país.

Mestizo tiene 28 años, es nacido en una populosa población de Antofagasta y ese día viernes de hace un año se encontraba trabajando en La Negra, en una empresa vinculada a la minería. En los días previos, algo había oído de las protestas en Santiago, pero las entendía como una de las tantas movilizaciones de la capital, sin embargo, todo se desplomó el sábado 19, cuando la protesta se extendió hasta la capital minera. Tras regresar del trabajo, vio las primeras manifestaciones en la Cachimba del Agua, las que observó como un problema. Él quería seguir trabajando tranquilo y estos hechos se convirtieron en una dificultad para alguien surgido de una familia cariñosa, vinculada a la Iglesia, con valores y convicciones firmes y con la convicción de que lo importante era trabajar y progresar junto a su familia, sin poner demasiada atención a los problemas de otros.

Pero la realidad siempre es más grande que cualquier vida. Las movilizaciones fueron aún más masivas y Mestizo y dos amigos decidieron ver qué es lo que ocurría, deseaban observar en directo de qué se trataba todo esto de lo cual todos hablaban y así llegaron caminando hasta Homero Ávila, donde vieron cómo la manifestación se enfrentaba a Carabineros.

"Lo que vi a partir de entonces fue maldad. Vi milicos y pacos, lacrimógenas, balas, lumazos, vi a una niña arrastrada del pelo por un uniformado. Me impactó que se atacara a gente que solo exigía una vida mejor".

Poco después, y a pesar de que, señala, solo observaba los hechos, en una corrida fue detenido por personal de la PDI y llevado en el maletero hasta el retén de Playa Blanca, donde pasó la noche detenido hasta ser liberado a primera hora del lunes. Estaba en problemas. No llegó a trabajar, pero su vida cambió aquella noche, ya nada fue lo mismo e interrogantes de todo tipo comenzaron a acecharle. Desde esa jornada decidió que siempre se dirigiría hasta el epicentro de las protestas y acompañar el reclamo ciudadano.

"Sentí rabia y me impresionó que cabros chicos se plantaran con los pacos. Comencé a hacerme muchas preguntas, me costaba entender por qué no se simpatizaba con el reclamo, con el dolor ajeno. Veía personas que se quejaban por los problemas de sus abuelos, por la salud, porque trabajaban de lunes a lunes y la plata no les alcanzaba".

El papá de Mestizo había fallecido un poco antes del estallido social, luego de esperar casi dos años por una operación. Recuerda que su padre se acostumbró a vivir y trabajar con el dolor, hasta que lo intervinieron, para morir tres días más tarde. "Me decía que lo trataron mal".

El joven de estatura promedio, tez morena y hablar desprolijo contrasta con sus convicciones firmes e inteligentes. Con insistencia reitera los conceptos de empatía, dignidad y cuidado por el pueblo. Allí, igual que otros, encontró una identidad que desconocía y que le da una fuerza que sorprende.

"En la Plaza de la Revolución comencé a ambientarme, vi que era bacán, que se compartía la comida, el agua, que apoyaba gente que no conocía, que se protestaba contra las AFP, la salud, los abuelos, por un mejor futuro y casi todos lo hacían por otras personas. Era impresionante saber que había mucha gente que estaba peor", rememora.

Comenzó a participar de modo diario de las manifestaciones. Un día, Mestizo devolvió una bomba lacrimógena, otro día lanzó una piedra contra la policía, en otra ocasión, sufrió uno de los 17 perdigonazos que ha recibido y nada, nunca más fue lo mismo. "Dije basta y decidí poner el cuerpo y dar la cara".

Poco después se convirtió en primera línea, con el objetivo de defender a quienes se manifestaban y en ese tránsito ha tenido dolores y miedos, también grandes triunfos, como cuando, por primera vez, lograron hacer retroceder a un piquete policial en calle Baquedano y se dieron cuenta que al frente también había temor y cansancio.

Mestizo nunca más paró.

Es consciente de que algunos tienen una imagen muy distinta de la primera línea, pero se apura en recalcar que su objetivo es defender a las personas de la "represión policial" y que nada tienen que ver con los ladrones o saqueadores a quienes más de una vez echaron de las calles.

"Esto no fue algo planificado, se dio naturalmente, los primeros escudos fueron las mochilas, algún pedazo de madera que encontrábamos y en el que nos ayudábamos unos con otros. La mayoría eran trabajadores que igual que yo. Nos sumábamos luego del trabajo. Habían estudiantes y trabajadores. Hombres y mujeres".

Por cierto, nada ha sido fácil, el efecto de estar tan expuesto a los gases, le provocaba vómitos y diarreas cotidianas, su cuerpo y rostro también registran cicatrices que en el trabajo le generaron algún problema. Obviamente se dieron cuenta de que estaba participando activamente de las protestas, las que ocurrieron en distintos puntos de la ciudad: en el centro, la Cachimba del agua, Población Bonilla, entre otros. Todos los días algún compañero resultaba herido. "Seguí porque tengo la convicción de que si no iba alguien podría resultar muy dañado, yo confío en mis compañeros"

"Cuando me hablan de la violencia les digo que violencia también es que te disparen por ser pobre, tener una educación miserable, la falta de vivienda digna, las playas contaminadas o que no te alcance el dinero para vivir dignamente. Que te maten o pierdas los ojos por reclamar dignidad, eso es violencia. Yo me di cuenta de que esto está mal y lucho porque hay que cambiarlo. La gente salió a pedir y el gobierno respondió con un combo en el hocico. Esa es la verdad".

Mestizo es un joven inteligente, habla apasionadamente y utiliza términos que develan una sorprendente autoformación. Enfatiza, igual que muchos otros, que el estallido le mostró una nueva posibilidad en la vida: el compromiso con el bienestar de los demás y no sólo apuntar a alcanzar el éxito individual.

"Yo estaba bien antes del 18. Tenía un trabajo, estaba estudiando, había nacido mi hija. Pude haber seguido así, tener la vida esperada, la lógica, pero no. Me di cuenta que no. Hay que seguir hasta conseguir los cambios, para que no sea mi hija ni los hijos de los demás quienes tengan que protestar en unos años. El día que esto cambie, iremos nosotros a barrer y limpiar la ciudad completa. Mientras eso no suceda, las calles no las vamos a soltar".

"Comencé a hacerme muchas preguntas, me costaba entender por qué no se simpatizaba con el reclamo, con el dolor ajeno. Veía personas que se quejaban por los problemas de sus abuelos, por la salud, porque trabajaban de lunes a lunes y la plata no les alcanzaba".

"Mestizo", Primera línea antofagastina, "Mestizo" se convirtió en, "primera línea", según detalló, para proteger a los manifestantes de las fuerzas policiales.

"Fuimos un país de consumidores"

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El padre Berríos, habitante del campamento La Chimba

"Toda la seguridad que nos ofrecía la sociedad, la tecnología, todas esas seguridades, la técnica, la plata, la economía, se vino al suelo en un rato".

Felipe Berríos, sacerdote jesuita

"El 18 octubre del año pasado yo estaba en el campamento de La Chimba. La sensación de que esto se iba de las manos, que las autoridades hablaban un lenguaje y la sociedad hablaba otro, que se trataba de criminalizar algo mucho más profundo. También afloró la sensación que estaba hace mucho tiempo, de que algo iba a pasar".

El sacerdote Felipe Berríos cita con un ejemplo: "Me dejaban a cargo de un sobrino que era bebé y lloraba cuando era la hora de comer y no llegaba la mamá, entonces yo le metía el chupete, hasta que volvía a llorar; entonces yo le ponía azúcar al chupete y ahí quedaba tranquilo otro rato. Yo creo que a la sociedad chilena nos pusieron mucho el chupete, el deporte, el consumo, tuvimos muchos chupetes, hasta que hubo un momento en que ya no quisimos ningún chupete y así pasó el estallido".

"Me sorprendió la violencia, pero también había otra violencia que a mí me sorprendía: gente que se levantaba a las cinco de la mañana, viajaba una hora y media en micro al trabajo, volvía a calles de tierra y lo que ganaban trabajando no les alcanzaba para vivir y tenían que endeudarse. Eso lo encontraba violento. Muchas veces tuve que conseguir dinero para que una persona se pudiera tomar una radiografía en el sistema particular, porque en el sistema público no la iban a atender. Me acuerdo de un chiquillo que tenía un problema en la columna con grandes dolores, y tenía que esperar nueve meses para la intervención. Eso es de una violencia tremenda. Hay mucha gente que muere y no hay dinero ni para enterrarla, la frase no tienen donde caerse muerto se repetía mucho".

"Somos un país más rico materialmente, pero poco espiritualmente, y no me refiero sólo a lo religioso, sino que me refiero a un país que leía poco, con poca música, con poca obra de teatro, con poca cultura, con poca ciencia. Comprábamos muchas asaderas, pero no sabíamos qué conversar en los asados. Nos pasó eso y el fracaso de los partidos políticos, que tienen una labor más allá de llegar a acuerdos. Su labor es hacernos soñar qué tipo de sociedad queremos, que proyecto de país queremos, porque un ser humano que no tiene sueños, es como un perro que trata de morderse la cola, no tiene camino".

"Dejamos de ser ciudadanos, de pertenecer a una comunidad. Nos transformamos en un país de consumidores, con un país que era un dispensador, donde yo pagaba y exigía, nada más, al profesor le exigía puntajes, no que educara, todo se trastocó y nos fuimos poniendo prepotentes, competitivos y poco felices".

"Estoy esperanzado en que va a salir una nueva constitución y que saldrá una asamblea constitucional, espero que esta asamblea sea de gente diversa, que nos va a enseñar que en Chile nadie sobra y es gente que va a trabajar juntas por muchos meses. Se van a empezar a conocer, se van a querer y van a comenzar a hacer lo que se nos olvidó a los chilenos, que es dialogar. Y lo que esté escrito en las constituciones no es lo más importante, la Constitución empieza a hacerse efectiva desde el momento en que los ciudadanos comienzan a dialogar. Uno puede tener una Constitución muy bonita, pero si nosotros no dialogamos y no nos damos cuenta de qué somos parte de una comunidad, ninguna Constitución sirve".