Año XCVI - Nro. 34.248 - Jueves 5 de Septiembre de 2002

Sobrevivientes del "polvorazo" relatan tragedia

Pedro Reinoso Salazar, de 62 años, es uno de los dos sobrevivientes que milagrosamente escapó de la tragedia. La suerte quiso que aquel 5 de septiembre de 1967 retornara a su hogar, junto a los suyos.

Radicado en Antofagasta, se gana la vida con su taxi colectivo, pero nunca olvida lo que ocurrió en el Banco C-2 de Chuquicamata, cuando una gigantesca explosión le costó la vida a 22 trabajadores. Recuerda que formaba parte de la cuadrilla destinada a cumplir con el tradicional "polvorazo" de la mina. Ese día -martes- las labores eran rutinarias para los mineros acostumbrados al rigor del desierto. Pasadas las ocho y media de la mañana y cuando estaban en plena colocación de los "tiros", vino el caos. Eran exactamente las 8.57 horas cuando una violenta explosión sacudió todo. Un hongo similar a una bomba atómica nubló el cielo con dolor y llanto.

 

IMPACTO

Confidenció que cuando pudo recuperarse del impacto miró a su alrededor y no observó nada. Nada quedaba de sus compañeros, sus amigos, camaradas de jornada. Todo se esfumó dando paso a la tragedia. "Fueron momentos de verdadera angustia, de incredulidad, cómo pudo suceder, por qué, son las preguntas que siempre nos acompañan", acotó.

En cuanto a su hipótesis respecto del origen de la explosión, el ex minero dijo que el día anterior y durante la preparación de los explosivos en los almacenes, sintieron el aire enrarecido. "Parece que hubo acumulación de gases, por lo que los explosivos quedaron muy sensibles a cualquier roce o contacto. Es posible que estos elementos estuvieran almacenados por mucho tiempo", explicó.

 

DOLOR

El sobreviviente de la fatídica explosión cuenta que sólo sufrió un hematoma en el estómago a raíz de los efectos de la onda expansiva, pero después de permanecer dos horas en el hospital "Roy H. Glover" pidió ser dado de alta. "Estuve por muchos días afectado por una depresión, ya que sufrí un duro impacto al perder a mis amigos y compañeros de trabajo. Todos compartíamos el día a día, éramos como una familia, por eso todos los años voy a Chuquicamata a participar de la romería y del recuerdo que la gente hace de los trabajadores que fallecieron en tan trágicas circunstancias. A pesar de todo, el recuerdo de aquéllos siempre se mantendrá en nuestros corazones", añadió.

 

JUBILADO

Otro de los sobrevivientes es Eusebio Hernán Escudero Garrido, hoy de 66 años, hace apenas 7 que dejó Chuquicamata después de 35 años y 6 meses de sacrificado trabajo. Vive hoy en la población Coviefi de Antofagasta.

Había llegado a Chuquicamata en 1959. Nacido en Mejillones, criado en Huasco, se vino al mineral apenas cumplido su servicio militar. El accidente lo sorprendió en la función de "Controlador de Explosivos". Es decir, el encargado de enviar los explosivos en los camiones y después recibir las cantidades restantes o "las sobras".

"Estaba en el polvorín. Dos de los cuatro camiones que llevaron carga para la tronadura estaban de vuelta con las sobras. En ese momento escuchamos el estruendo. Luego, un enorme hongo se levantó sobre el mineral, igual que la bomba atómica. No quedó nada. El hongo no sólo parecía la bomba atómica, sino que fue la bomba atómica".



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