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Colegio de Profesores decidirá el miércoles si hay paro indefinido

EDUCACIÓN. El ministro Nicolás Cataldo envió nueva propuesta.
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Redacción

El miércoles 23 de agosto, el Colegio de Profesores decidirá si realiza o no un paro nacional indefinido, según anunció el presidente del Magisterio, Carlos Díaz, luego de analizar una nueva carta de respuesta a su petitorio que el Ministerio de Educación (Mineduc) envió ayer al gremio.

"Nos parece muy importante que sean las bases del Magisterio las que determinen (si hay o no paro) y no un grupo de dirigentes que estamos en la asamblea nacional", comentó Díaz y valoró la respuesta que llegó desde el nuevo ministro, Nicolás Cataldo (PC), pues en ella "hay avances importantes (...) por primera vez en la historia existe un número concreto de eventuales beneficiados, el 25% del universo que hoy día está adscrito al tema deuda histórica".

Temprano, el ministro Cataldo dijo a radio Cooperativa que ese 25% serían los "casos más urgentes" de personas afectadas y recibirían un "bono reparatorio".

Más tarde el Mineduc envió la carta, en la que el Gobierno manifiesta que espera "evitar las movilizaciones.

La carta a los docentes indica que a en diciembre se ingresará un proyecto de ley al Congreso para comenzar el próximo año a pagar la deuda histórica. La propuesta será además elaborada con los profesores, para lo cual se retomará la mesa de trabajo entre Gobierno y el Magisterio, indicó Cataldo.

"Será materia de ese espacio definir los criterios para la identificación de los casos urgentes (...), a fin de iniciar este proceso de manera significativa", expresó en el texto en referencia a un bono reparatorio que propone el Gobierno.

"Esto permitirá iniciar la entrega de la reparación el año 2024, de manera progresiva, como estuvo considerado desde la propuesta original. La temporalidad en la que se entregue la reparación a este grupo y otras características de esta propuesta, también serán materia de trabajo de la mesa conjunta" entre Mineduc y el gremio, añadió.

Cuidar a un buen aliado

Joaquín García-Huidobro
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Tengo un amigo, un poco mayor que yo, que fue disidente en la Unión Soviética. La KGB se dedicó a amargarle la vida y estuvo preso en diversas ocasiones. La primera fue cuando él tenía solo catorce años. Lo pescaron en la frontera, cuando trataba de escapar de ese paraíso comunista. En esa ocasión, no lo encerraron en la cárcel, sino que lo tuvieron una semana en un hospital psiquiátrico. ¿Qué le hacían? Lo interrogaban día y noche. Ese es un antiguo método de tortura, que consiste en alterarle de tal manera el sueño a una persona que al final resulta completamente manipulable. Mi amigo resistió.

Quizá te preguntes qué puede llevar a alguien, en este caso a unos médicos, a hacer una brutalidad semejante. Dejo la respuesta para otro día.

También dirás, convencido, que tú nunca harías algo así. Sin embargo, aquí me atrevo a discrepar. Obviamente no insinúo que tú podrías tener una semana seguida en esas condiciones a una persona simplemente porque no piensa como tú y te niegas a aceptar que alguien tenga ideas diferentes. Ahora bien, me temo que, semana a semana, tú mismo puedes estar haciendo algo que, sin ser esa atrocidad, va en una dirección semejante. Lo que pasa es que no eres muy consciente porque la víctima no es un joven de catorce años: la víctima eres tú.

Sé que la pregunta no es simpática, pero ¿cómo están tus horarios de sueño? La historia de mi amigo y esta pregunta se me han venido con insistencia a la cabeza desde que, días atrás, tuve una conversación con una persona interesantísima. Se trata de una doctora que ha dedicado toda su vida a estudiar dos cosas: el sueño y la epilepsia. Te imaginarás lo mucho que sabe.

Yo le había contado que hacía clases en una universidad y que mi trabajo me fascinaba. Lo entendió perfectamente. En un momento de la conversación, se me ocurrió hacerle una pregunta: "-¿Qué consejo podría darle usted a unos estudiantes?"

Su contestación fue inmediata. Si no recuerdo mal, sus palabras textuales fueron: "-Que cuiden la higiene del sueño". En términos corrientes, venía a decirles que se acostaran a una hora razonable. La cabeza me empezó a funcionar a toda velocidad. Me acordé de la respuesta de una altísima autoridad de Netflix cuando le preguntaron cuál era su principal competencia. No nombró a Amazon Prime, HBO Max, ni ninguna otra aplicación para ver series o películas, sino que, con todo descaro, confesó que su principal competidor era el sueño, es decir, tu sueño.

¡O sea, que ese señor se dedica a inventar cómo robarte horas de sueño para que su negocio prospere!

Volvamos a mi conversación. Le pregunté a la doctora a qué edad los actuales estudiantes de educación media y universitaria iban a experimentar las consecuencias de acostarse muy tarde varias veces por semana. Pensaba en ti. No te enojes, estoy seguro de que eres estudioso y responsable, aunque me atrevo a albergar algunas pequeñas dudas respecto de tu cuidado del sueño.

De modo ingenuo, yo pensaba que la gente experimentaba problemas de insomnio crónico después de los cuarenta años. Para mi sorpresa, la especialista me contó que muchísimas personas que llegaban a su consulta por ese problema tenían alrededor de treinta años e incluso menos.

Esa gente relativamente joven había adquirido tal costumbre de acostarse a las cuatro de la mañana que les resultaba imposible conciliar sueño cuando querían dormir a las dos de la madrugada. Esto les traía toda clase de consecuencias deplorables, tanto en el trabajo como en su vida familiar. Además, con frecuencia andaban de mal humor durante el día.

Confieso que desde ese momento pensé que tenía que contártelo. Es difícil que me hagas caso, pero no podía quedarme callado. Los médicos que torturaban a mi amigo obedecían las órdenes de las autoridades del Partido Comunista y no se atrevían a negarse a cumplirlas. Tu problema no son las indicaciones de unos funcionarios de cara siniestra, sino que te parece imposible hacer algo diferente al comportamiento de casi todos tus conocidos de tu edad. Sé que no resulta fácil. Sin embargo, si te animas a hacer algo distinto te habrás ayudado a ti mismo y a muchísima gente por mucho tiempo.