Año XCVIII - Nro. 34.552 - Domingo 11 de Abril de 2004

Los últimos días de un gigante herido

La historia del Muelle Histórico nació con la bonanza del "oro blanco". Su construcción se remonta a 1872.

Concesiones

El embarcadero fue construido en 1872, siendo originalmente de propiedad de la empresa Melbourne Clark, mientras que 5 años más tarde fue traspasado a la Compañía de Salitre y Ferrocarriles de Antofagasta.

Luego, por escritura de mayo de 1885, se vendió a la Minera de Huanchaca de Bolivia, la que en 1888 lo traspasó a The Antofagasta (Chili) and Bolivia Railway CO. Ltda.

En 1901, existían otros cinco muelles en la bahía: Miraflores, Barnett, Fiscal, Bellavista y Compañía de Salitres.

En 1962 fue vendido a Corfo y actualmente es, junto al Miraflores, el único muelle que perdura.

Diez años más tarde (en 1972) la concesión es traspasada a Astilleros Hydrotherm. Posteriormente, en 1978, la licencia recae en la Compañía Explotadora de Minas San Andrés Ltda.

La última licencia otorgada corresponde a la Sociedad Muviña S.A., el año 1988, la que fue caducada en 1999.

Por José Luis Ramírez

 

 

El final se acerca silencioso para el gigante de acero. Lo más probable es que tarde varias semanas o meses, pero cuando comience no habrá nada que detenga el colapso total.

Lo primero que se romperá será el estribo, es decir, esa especie de muro que lo conecta a tierra y que le permite enfrentar los embates del mar. Inmediatamente -o con cierto retraso- el tramo de anclaje cederá y entonces el embarcadero quedará a la deriva, crujiendo malherido a merced de las olas.

Recién cuando ello ocurra vendrá el irremediable desenlace: los carcomidos pilotes de acero se quebrarán como palos de fósforos debido a la presión, las grúas se inclinarán a izquierda y derecha y la estructura completa se hundirá bajo las aguas, no en caída libre, sino más bien en forma de deslizamiento, algo parecido a lo que sucede en los barcos cuando desaparecen en el mar.

Lo último que veremos será la "pata de cabra" asomada por un instante como el brazo de una persona que pide auxilio al ahogarse. Luego todo quedará en calma... Así será el derrumbe del Muelle Histórico de Antofagasta, una joya del pasado que agoniza ante la mirada indiferente de los habitantes de la ciudad.

 

HISTORIA

El Muelle Histórico hace honor a su nombre. Con 132 años a cuestas esta enorme estructura de acero y madera ha sido testigo privilegiado del crecimiento de la capital regional.

A uno de sus costados desembarcó el Ejército chileno el 14 de febrero de 1879, en sus inmediaciones crecieron barrios, frente a él se construyó la primera máquina de elaboración del salitre. Fue, en resumen, el corazón y motor de la Antofagasta de fines del siglo XIX.

El embarcadero fue construido por etapas a contar de 1872. Ese año la compañía Melbourne Clark -de donde obtuvo su nombre- inauguró el tramo inicial, que más tarde fue ampliado con nuevas obras, entre ellas, la construcción de una segunda plataforma de rieles por donde circulaban convoyes cargados de salitre.

Junto a él surgieron en la bahía otros cinco embarcaderos (Miraflores, Barnett, Fiscal, Bellavista y Compañía de Salitres), situación que se repitió en otros puntos del litoral.

 

PELIGRO

A lo largo de su vida, el muelle ha soportado innumerables dificultades. Terremotos, ventarrones y marejadas lo sacudieron decenas de veces, siempre con el mismo resultado, pero la sólida estructura se mantenía erguida y desafiante.

Pero hubo un enemigo más efectivo. El estado de abandono en que se encuentra desde que dejó de embarcar los cargamentos de salitre le está pasando la cuenta a este antiguo gigante.

La voz de alerta la dio "El Mercurio" de Antofagasta el 7 de abril del 2002: "El 95% de los rieles de acero utilizados como bases presenta algún grado de corrosión", decían expertos en un reportaje publicado por este Diario.

Dos años después nada ha cambiado. El muelle sigue decayendo y lo peor, una evidente curvatura y grietas indican que el fin está cerca, la cuenta regresiva comenzó y dentro de poco no habrá nada que hacer para salvar este valioso patrimonio.

 

¿BUROCRACIA?

El ex terminal salitrero se debate entre la vida y la muerte, eso está claro, pero ¿puede ser rescatado? La respuesta es sí.

El 2001 un grupo de empresarios gastronómicos inició un proyecto para recuperar el embarcadero y construir a uno de sus costados módulos de dos pisos donde funcionen restoranes.

La propuesta es simple aunque ambiciosa. Carlos Quintana, empresario que comanda el proyecto, explicó que la idea es transformar el muelle en un paseo público aprovechando al máximo los elementos que allí existen y respetando el sentido histórico del lugar.

Para cumplir su objetivo, los inversionistas realizaron una acabada investigación de la propiedad del muelle -que resultó ser Fiscal-, encargaron estudios e iniciaron contactos con la Armada y el Consejo de Monumentos Nacionales para obtener los permisos... De eso, sin embargo, han pasado casi tres años.

La principal traba está, al parecer, en el Consejo de Monumentos Nacionales. El empresario dijo que este órgano del Estado recibió el anteproyecto a fines del 2002 y el proyecto terminado (corregido) en enero de este año.

La gestión ante el consejo resulta vital ya que al ser el muelle Monumento Histórico -fue nombrado así el 12 de julio de 1978- requiere de su visto bueno para obtener una concesión marítima de la Armada.

¿Qué detiene tanto la aprobación? Ivo Kuzmanic, visitador del organismo, explicó que el Consejo de Monumentos tiene la obligación de resguardar que las intervenciones que se realizan al patrimonio sean lo menos nocivas posible. De allí que todo siga un proceso lento y lleno de observaciones y revisiones.

Otro problema que reconoce Kuzmanic es que los integrantes del consejo se reúnen apenas una vez al mes para evaluar los requerimientos de todo el país, lo que sumado a su carácter de órgano autónomo siembran dudas respecto a la rapidez del trámite.

 

CUENTA REGRESIVA

Es precisamente esto último lo que mantiene inquieto a Carlos Quintana y al resto de los empresarios involucrados en el proyecto. Ellos, con justa razón, se preguntan si el añoso embarcadero podrá soportar la larga espera de la burocracia.

Además existe otra duda. El primer trimestre del 2005 comenzará la construcción de la nueva avenida Balmaceda y los trabajos podrían generar vibraciones que desestabilicen los precarios soportes que mantienen en pie la estructura, algo que en el Ministerio de Vivienda descartan, pero que para Werner Kohnenkamp -arquitecto a cargo del proyecto empresarial- es una realidad cierta.

El profesional fue quien el 2002 desarrolló los estudios que determinaron que los pilares que soportan la plataforma de madera estaban en su mayoría colapsados.

Para Kohnenkamp, desde que se ejecutó ese diagnóstico la situación del muelle ha empeorado, al extremo que no es descabellado pensar que movimientos mínimos, como los generados por maquinaria pesada, pueden llevar al desastre.

El arquitecto advirtió también que el proyecto de restauración tiene un tiempo límite, porque aunque el terminal salitrero no se derrumbe, llegará el momento en que técnicamente será imposible salvarlo.

 

INTENDENTE

Por suerte, las advertencias realizadas por "El Mercurio" de Antofagasta han servido para despertar el interés de las autoridades locales.

El gobernador Christian Pizarro reconoció que tan rico patrimonio no puede perderse, motivo por el que se comprometió a buscar fórmulas de solución de corto plazo.

A esta realidad tampoco quedó indiferente el intendente Jorge Molina, quien aseguró que el Gobierno entiende que existe una necesidad objetiva por recuperar el espacio y que como autoridad está preocupado del tema.

"Nos interesa prestar apoyo, pero nos interesa también que ese proyecto dialogue con el gran proyecto que es la Costanera Central para ver cómo los compatibilizamos. No es un tema sencillo, pero trabajaremos en él", aseguró.

La máxima autoridad regional recordó los esfuerzos desplegados el último tiempo para salvar de la destrucción a la Casa Abaroa -donde nuestro Diario también tuvo un rol fundamental- y para restaurar el patrimonio de la ex oficina Chacabuco.

"Esos son ejemplos concretos. Ahora, el muelle, que es otro de los tantos tesoros de esta región, requiere el concurso de todos, no sólo del sector público", puntualizó.

 

ORO BLANCO

Hace 132 años Antofagasta lucía diferente. El "oro blanco" atraía a familias completas y numerosas compañías emprendían proyectos para sumar utilidades.

De ese tiempo hoy queda muy poco. De los muelles construidos con materiales importados sólo existen recuerdos y, cuando más, algunas fotos. Barnett y Bellavista desaparecieron los primeros años del siglo pasado, lo mismo que el Muelle Fiscal y el de la Compañía de Salitre.

La interrogante final es si algo de lo que queda perdurará, porque el último de los muelles salitreros se despide y pronto se hundirá arrastrando al mar parte de la historia de Antofagasta y la indiferencia de sus habitantes.



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