Año XCVII - Nro. 34.474 - Lunes 20 de Octubre de 2003

Los dulces venenos

Por Nahun Díaz A.

 

Todavía se recuerda las tragedias desatadas por un insignificante, pero mortal arácnido, la araña de los rincones. Tanto en el norte como en el sur de nuestro país. Afortunadamente ésta se encuentra en extinción, al igual que su pariente la viuda negra.

El filósofo griego Sócrates, que por sus teorías sobre la virtud y el conocimiento, fue injustamente acusado de corromper a la juventud, y debió morir ingiriendo "cicuta". Dicho veneno era usado en su época, para eliminar a los indeseables. Paradojalmente esta mortal cicuta, es usada en la actualidad, en pequeñas dosis, como eficaz remedio estomacal. Otro mortífero veneno, el "curare", es usado en el Amazonas por los aborígenes. Se dice que mata a un animal en plena carrera, cuando es alcanzado por una flecha untada en curare, que le causa un paro cardíaco. Este mortal veneno, es usado en medicina para aliviar los efectos post-anestesia. Los derivados de la amapola (apio y morfina), y los vegetales que resultan mortales para los animales que los comen, se convierten en formidable droga para el corazón.

Si nos adentramos un poco en la historia, veremos que algunos pasaron justamente a la historia por voluntad propia y otros "por obligación" a usar su propia "medicina". Cleopatra, por ejemplo, tras la derrota de Marco Antonio en Accio, se hizo morder por un áspid, muriendo así, por voluntad propia. Demóstenes, el gran orador griego, también se envenenó voluntariamente, para no someterse a Alejandro. De igual manera, el general cartaginés Aníbal, usó un activo veneno que contenía su anillo, para evitar ser entregado a los romanos. Pero hablando de romanos, estos eran sin duda expertos en venenos, los usaban para todos los fines. Lentos rápidos, etc, de ahí la costumbre de hacer probar los alimentos y bebidas, por un esclavo La historia registra, a lo menos 12 emperadores, que no murieron de "viejos". Agripina se las ingenió para eliminar a su marido, el emperador Claudio, envenenando las brevas de su árbol predilecto, sin despertar sospechas en su contra. Las patricias eran expertas en preparar estos extraños brebajes, fabricados en base a sales de plomo, mercurio, hongos y adormideras. Catón, en su época, escribía en sus memorias: "No hay adúltera, que no sea envenenadora". Los médicos llegaron a pertenecer a la "crema", de los cultores del arte de muertes repentinas. Catalina de Médicis, los usaba para todo tipo de situaciones. Poseedora de un extraño y poderoso extracto, le bastaba humedecer en esta pócima en el filo de un cuchillo, para que la víctima, cortada levemente, muriera envenenada. Cualquier regalo de Doña Catalina, era fatal para quien lo recibiera. Se cree que este poderoso veneno del renacimiento, llamado Acqua de Peruzzia, se preparaba en base a biocloruromercúrico. Tan poderoso era, que si se mojaba la mecha de una vela encendida, bastaba el humo que expedía, para que el huésped, cayera fulminado.



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