Agosto de 2002
Metamorfosis del centro de Antofagasta |
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Llega la noche y calle Prat cambia su aparente tranquila fisonomía. Desaparecen los hombres de corbatas y mujeres de uniformes, para dar paso a nuevos personajes que repueblan este verdadero "territorio" de nadie |
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Rodrigo Ramos B.
Parece una columna vertebral que desprende impulsos nerviosos en todas direcciones. Una especie animal que respira y duerme, con costumbres propias, patologías graves y cierta belleza lúdica. Calle Prat es el centro. Lugar de tránsito diario para miles de antofagastinos. Paseo obsesivo y ruta obligada. En el día las puertas abiertas de las casas comerciales permiten a los antofagastinos adentrarse en las venas de esta calle. En la noche la puertas se cierran, la sangre deja de circular y surgen los otros habitantes del centro de Antofagasta, con extrañas identidades, lenguajes y leyes poco convencionales. La mutación de Prat parece un proceso químico, un baño de ácido, un cambio extravagante que muchos desconocen. El motivo de este reportaje fue precisamente experimentar la transformación de la principal arteria de la capital regional, a través de una abducción periodística a fondo por los principales lugares, recovecos, personajes y alrededores del centro de Antofagasta. Fue el viernes el día en que tuvo lugar esta contemporánea odisea por aquellos pasajes archiconocidos de día, pero impactantemente distintos en la oscuridad e impunidad de la noche.
19.00 El escenario son algunos cartones y papeles adheridos al suelo por varias pisadas anónimas. Además de ciertas pozas de colores producto de helados que no pudieron sostenerse al barquillo, o simplemente oscuras telarañas de chicles adheridos como pegamento a la calle. Hace rato que la gente perdió el ritmo del mediodía, cuando el "Chico de las Conchas" acaparaba la atención con su rutina de saltimbanqui tropical y los niños querían ponerse las mascarillas de hombre araña que venden los ambulantes. A las 19 horas, en calle Prat, el caminar apurado evidencia el sutil éxodo a tomar una taza té, a ver la telenovela o una conversación cotidiana en algún hogar. También es tiempo para visitar alguna multitienda, hojear libros, pagar deudas, comer algo de "comida rápida", comprar CDs piratas o hacer alguna llamada telefónica pendiente. A fin de cuentas una rutina normal. El reloj avanza y los mochileros siguen "macheteando", pero ahora, quizás por la incipiente oscuridad, expresan cierto aire impredecible que a ratos condiciona la entrega de los 50 pesos que sobran del dinero destinado a cancelar el colectivo o el taxibús. La mayoría de los teléfonos públicos están ocupados. El díscolo vendedor de juegos de azar continúa haciendo su rutina en Prat con Condell, mientras un grupo de personas que todo el día se ha cambiado ropa, como si cada uno las hiciera de varios personajes en una obra de teatro, mira fijamente -como lo hicieron toda la jornada- la entrada de una multitienda.
22.00 Una jauría de perros, donde sobresale uno de pelaje amarillento, persigue a un hombre que cruza calle Prat en bicicleta. Al llegar a Condell, un furgón Hyundai que se dirige de sur a norte, casi atropella al ciclista, que voltea el rostro y lanza algunos improperios al chofer, mientras los perros, ahora, languetean el piso tratando de sacarle algún gusto a los chicles pegados. El pequeño incidente no cambia la postura de los guardias de las multitiendas, que ahora parecen más rígidos. Tampoco la de algunos personajes que todavía esperan el momento preciso para robarse algo. En las afueras del Caracol un artista callejero desarrolla sus creaciones con pintura de spray, mientras a algunos pasos, unos artesanos venden cierta chuchería que llama la atención de algunos transeúntes. El vendedor de juegos de azar continúa con su folclórica rutina, mientras las máscaras de hombre araña se venden, al igual que los CDs piratas. Los tipos con corbatas son más escasos al igual que los rostros transparentes y miradas descansadas de las 10 horas. Los teléfonos públicos, ya desocupados, son mirados fijamente por una grupo que viste de oscuro y que comienza a ubicarse en las bancas de Prat con Condell. Con cierto temor algunas personas sacan algo dinero de los cajeros automáticos, mientras miradas intimidantes develan que la rutina nocturna cayó sobre el popular paseo peatonal antofagastino. Un carabinero en motocicleta le imprime confianza a una persona para salir del cajero.
00.00 Las pocas personas que transitan por la arteria llevan un cigarrillo encendido entre los dedos. Se camina rápido, como teniendo conciencia que no es una hora adecuada para pasear por calle Prat. Algunos tipos piden "monedas", especialmente en las puertas de unos videojuegos, donde al parecer no importara la hora, ni nada. Alguien baja de un vehículo y raudamente se dirige a la farmacia de turno. Es una tarea arriesgada comprar medicamentos a medianoche. Las 00.00 son la hora peak de las shoperías u otros locales para beber o comer. También es el momento donde calle Condell (desde Orella hasta avenida Argentina) aflora una afiebrada primavera, con letreros luminosos, puertas abiertas y tipos estilo "roperos" protegiendo la entrada. Mientras los taxistas comienzan a saludarse como si todos los que trabajan a esa hora se conocieran, o más bien compartieran una suerte de hermandad no declarada: el riesgo de laborar de noche. La aparición del camión cartonero en Prat con San Martín no sorprende a los travestis a la altura de calle Latorre, quienes continúan apoyados en las paredes o sentados en la jardinera ofreciéndose en una prostitución o algo parecido. Se notan jóvenes y visten de colores oscuros con ropa masculina, a diferencia de los travestis ubicados en los cuatro "territorios", es decir, entre las calles Latorre con Serrano, Serrano con Condell, Condell con Bolívar y Sucre con San Martín.
Una motocicleta de Carabineros se cruza con el camión cartonero frente a los videojuegos, mientras un tipo esconde un botella de pisco al costado de un teléfono público.
02.00 Dos menores cuidan cartones aplastados en diversos puntos por calle Matta, en una imagen algo extraña e incluso surrealista para esa hora. Los niños son una suerte de sabuesos para estas faenas. La arteria peatonal sólo concentra vida en las bocacalles. En el sector de Latorre, continúa el grupo de homosexuales ahora algo escondidos, como si temieran algo. En Latorre, pero entre Prat y Baquedano, surgen a lo largo de la calle prostitutas, cuyos cuerpos apretados y puntiagudos hacen detener vehículos y taxis. Ellas atienden a sus "clientes" en moteles ubicados en las cercanías del lugar, principalmente por calle Serrano. La tarifa del servicio (30 minutos) es entre 20 y 25 mil pesos, más 5 mil que bordea la pieza del motel. Varias veces el radiopatrulla pasa por la esquina donde convergen las calles Condell y Sucre, el reconocido eje de la bohemia antofagastina o "barrio chino". En los alrededores existen varios locales de topless, salas de cerveza y comida. En Sucre con Matta, un tipo le da la mano a otro en un saludo "especial" que revela microtráfico de drogas. Mientras el chofer de un colectivo apuesta a dos ebrios con rostros embravecidos para varias madrugadas semejantes, y toman destino incierto hacia el lado norte de la ciudad.
04.00 Tres tipos que vienen saliendo desde un local de calle Condell corretean a un par de inoportunos travestis que les pidieron cigarrillos. No los agarran, porque doblan por Prat, hacia la plaza Colón, buscando algún cajero automático. A esa hora el piso de las pequeñas cabinas para sacar dinero está lleno de papelillos con recibos. No hay gitanos en la plaza, sino personas solas o parejas, cuya apariencia y sexo cuesta definir a esas horas de la madrugada. Alguien con una pesada mochila camina tambaleante por Prat con la mirada perdida. La presencia de este sujeto impacienta a las prostitutas de calle Latorre. Marina Rosa tiene un aro clavado en su nariz, un mechón de pelo rubio y sus ojos dirigidos a una camioneta que no respetó el semáforo de Latorre con Prat. El conductor está algo ebrio, situación que es mejor para la mujer, ya que de esa manera trabajará menos y cobrará más. Ella se sube y se pierden por Latorre, hacia el sector sur. Al igual que cuando llegan los buses interprovinciales a las 7 horas, algunos colectivos ofrecen sus servicios a los personas que salen de los moteles de calle Serrano. A esa hora no interesa la discreción y apariencia.
07.00 Llegan los buses a los terminales ubicados en calle Latorre. La noche acabó. Así lo entienden las prostitutas y travestis, que dejan sus "territorios". La humedad y aquel airecillo fresco de la madrugada son una cirugía natural que limpia los restos de alcohol y el aroma ácido de un noche embravecida. El sol es el descanso, relajo y anuncio que un nuevo y normal día comienza por las calles del centro para la mayoría de los antofagastinos. Más rato llegará la gente, los colores, sonrisas y preocupaciones cotidianas. |
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