07/04/2002

Gigante de acero a punto de derrumbarse

Ex terminal marítimo y patrimonio de Antofagasta presenta grave deterioro en 95 por ciento de sus pilotes

Debido al explosivo crecimiento de la actividad salitrera a fines del siglo XIX, el muelle fue ampliado con una segunda plataforma, la que con el correr del tiempo desapareció.

Concesiones

El muelle de la Compañía Salitrera Melbourne Clark fue construido en el año 1875 por la Compañía de Salitres y Ferrocarril. Luego, por escritura de mayo de 1885, se vendió a la Minera de Huanchaca de Bolivia, la que en 1888 lo traspasó a The Antofagasta (Chili) and Bolivia Railway CO. Ltda.

En 1901, existían otros cinco muelles en la bahía: Miraflores, Barnett, Fiscal, Bellavista y Compañía de Salitres.

En 1962 fue vendido a Corfo y actualmente es, junto al Miraflores, el único muelle que perdura.

En 1972 la concesión es traspasada a Astilleros Hydrotherm. Posteriormente, en 1978, la licencia recae en la Compañía Explotadora de Minas San Andrés Ltda.

La última concesión otorgada corresponde a la Sociedad Muviña S.A., el año 1988, la que fue caducada en 1999.

Todos lo ven a diario, casi con resignación, pero muy pocos hacen algo efectivo para recuperar uno de los patrimonios olvidados de Antofagasta.

Cuesta creer que en la época de esplendor del salitre, el sector de la bahía de la ciudad llegó a tener media docena de muelles, todos ellos construidos por ingenieros ingleses con la finalidad de abrir una puerta a la salida del recurso y a la llegada de los veleros repletos de inmigrantes atraídos por la riqueza del llamado "oro blanco".

De estas estructuras, construidas con materiales llegados desde el extranjero, hoy prácticamente no queda vestigio. Barnett y Bellavista desaparecieron durante los primeros años del siglo pasado, lo mismo que el muelle Fiscal y el de la Compañía de Salitre.

Los únicos que lograron escapar a este fatídico destino son el embarcadero Miraflores (actualmente ocupado por el Club de Yates) y el de la Compañía Salitrera Melbourne Clark, conocido hoy como Muelle Histórico.

A pesar del debate surgido respecto a la conservación de este último, sigue hundiéndose por su propio peso y el desinterés de gran parte de la comunidad.

Propuestas para restaurarlo -y también para demolerlo- no han faltado, incluso el muelle -de propiedad del Fisco- ha sido concesionado en varias oportunidades a privados con la condición que éstos lo reparen, no obstante el alto costo de los trabajos -unos 600 millones de pesos- hizo fracasar cada uno de los proyectos y perpetuado su estado de abandono.

 

DESPLOME

Para Verner Kohnenkamp, arquitecto que hace algún tiempo realizó un preestudio estructural del muelle, el estado de este monumento histórico -fue nombrado así vía decreto el 12 de julio de 1978- es deplorable, al extremo que en cualquier minuto podría desplomarse.

Recalcó que como parte del análisis a que fue sometida la base, se pudo determinar que el 95% de los rieles de acero utilizados como bases presenta algún grado de corrosión, lo mismo que el 50% de la cubierta, compuesta por tablones de pino oregón y roble americano.

Kohnenkamp dijo que en esas condiciones, la estructura, de cerca de 200 metros de largo, 15 metros de ancho y más de 130 años de historia, está condenada a derrumbarse, ya sea por efecto del viento, de algún sismo de importancia o bien producto de su antigüedad y peso.

Pero no todo está perdido, el estudio de este arquitecto fue encomendado por un grupo de empresarios interesados en restaurar la antigua estructura y desarrollar en su entorno un centro gastronómico, que además se conjugue con los proyectos viales que existen para el sector, como es la construcción de la Costanera Central, que pretende ensanchar Balmaceda y construir una segunda pista tras el ex edificio de Aduanas, hoy Chiledeportes.

 

PROPUESTA

Según Carlos Quintana, propietario de un conocido restorán y uno de los integrantes del grupo que impulsa el proyecto, la iniciativa, que durante los próximos días será presentada en Santiago, busca transformar el muelle en un paseo público, conectado mediante pasarelas a tres módulos gastronómicos de dos pisos, situados a la izquierda del atracadero.

Dicho proyecto nació hace dos años y, según el empresario, cuenta con el respaldo de autoridades regionales y comunales debido a que considera la reparación total del muelle y las grúas, así como la instalación de sistemas de iluminación que permitan el libre tránsito de las personas.

Para lograr la restauración se manejan dos alternativas. Verner Kohnenkamp explicó que si bien el proyecto todavía no está afinado, pues resta realizar un estudio de resistencia a las vigas del muelle, surgen dos soluciones, la primera de las cuales consiste en reemplazar los pilotes originales, de manera de brindar un mejor soporte a la estructura.

La segunda opción, indicó, es construir un "marco" que se oculte tras las mismas bases y que evite esfuerzos al muelle.

Ambas propuestas, sin embargo, son sumamente costosas -según Carlos Quintana demandarían una inversión de alrededor de 600 millones de pesos-, por lo que el grupo de empresarios estaría solicitando una concesión por 50 años.

 

HISTORIA

Quintana recalcó que la idea no sólo es brindar a la comunidad alternativas gastronómicas, sino que además recuperar una pieza ligada al crecimiento y la evolución histórica de la ciudad, una estructura que fue testigo de la gloria del salitre y que no muchos conocen y saben apreciar.

El Muelle Histórico fue construido en 1875, época en donde la navegación era, sin discusión, la manera más efectiva para llegar a la naciente Antofagasta.

El historiador Floreal Recabarren recuerda que desde sus orígenes y hasta alrededor de 1930, año en que comenzó la construcción del Puerto de Antofagasta, a través de sus rieles y tablones circuló gran parte de la producción salitrera y los pasajeros que arriban o se embarcaban desde la ciudad.

Junto con él surgieron en la bahía otros cinco muelles y algunos más en otros sectores de Antofagasta. Un buen ejemplo es Coloso, que en un tiempo tuvo dos magníficos embarcaderos de dimensiones incluso superiores a los del hoy colapsado y clausurado Melbourn Clark.

Ambas estructuras desaparecieron, se derrumbaron o fueron desmantelados cuando Coloso ya no pudo embarcar más salitre. Recabarren recordó que dicha situación incluso dio origen a una publicación en el "The Washington Post", donde se narraba que en esta ciudad, otrora un gran polo de desarrollo, se había vendido un pueblo entero, incluyendo su iglesia, plaza, hoteles y cuarteles de bomberos.

 

PATRIMONIO

El historiador sostuvo que este hecho condensa bien la nula visión histórica que se ha tenido respecto al patrimonio de la ciudad y transforma al Muelle Histórico, el único que perdura desde aquellos días junto al Miraflores, en una pieza de valor incalculable.

A uno de sus costados, dijo, desembarcó el Ejército chileno el 14 de febrero de 1879, en sus inmediaciones crecieron los primeros barrios de la ciudad, frente a él se construyó la primera máquina de elaboración del salitre, desde sus instalaciones salían y llegaban en forma ininterrumpida decenas de barcos y lanchones. "Fue el corazón y el motor económico de Antofagasta", sentenció.

Este panorama, sin duda, ha cambiado. Hoy muchos muelles, así como otros importantes emblemas de esa época y de tiempos un tanto más recientes, como es el caso del castillo Abd El Kader, han sido borrados por el avance de la modernidad, y el que queda exhibe desde el año pasado un inquietante letrero que advierte del riesgo de derrumbes.

 

Por José Luis Ramírez M.



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