13/01/2002

El parque Jurásico de la región

Fósiles nos brindan una radiografía de tiempos pretéritos. Cómo se explica la presencia de un cocodrilo gigante en Chuquicamata. Fácil. El territorio estuvo cubierto hace miles de años por el mar

 

Por Rodrigo Ramos B.

Los monstruos marinos fueron los antiguos e indiscutidos soberanos del Norte Grande. Sin embargo, recientes hallazgos confirman la presencia de dinosaurios en la zona.

Pensar un minuto en la historia que está bajo nuestro calzado, puede resultar nocivo para el sobredimensionado ego humano. ¿Pasajeros en tránsito? o ¿actores de reparto? No tenemos la fuerza para mover montañas, cambiar de posición el mar o extirpar un trozo de tierra a Oceanía y ponerlo frente a las costas de Antofagasta.

Somos intracendentes en las decisiones que, cada cierto tiempo, toma la naturaleza, como aquella ocasión -hace miles de años- cuando en una suerte de barco proveniente del oeste arribando a puerto, la península de Mejillones recaló en Antofagasta.

Esa pieza fue la última del rompecabezas.

Los geólogos no tienen un teléfono directo con Dios como muchos piensan, sino que son observadores y traductores de la historia oficial del suelo o el devenir geológico.

Lo que sucedió fue algo comparable con una cirugía estética donde la silicona apuntaló las cordilleras de los Andes y la Costa. Sólo los fósiles y restos de dinosaurios son prueba de que antes del bisturí de la doctora naturaleza, al este de la actual Antofagasta, existía un mar donde el cocodrilo -encontrado en las cercanía de Chuquicamata- era parte de la fauna.

Quizás en millones de años Mejillones o Tocopilla estén en las profundidades del océano y San Pedro de Atacama tenga el mismo clima que Cancún (México).

 

FAUNA

Hasta la fecha en nuestro país no ha sido hallado un esqueleto de dinosaurio completo. Recientes descubrimientos en Argentina son un aviso de que estas especies podían migrar sin problemas para este lado, porque lisa y llanamente no existía cordillera.

En aquellos años de volcanes, selvas, mares y extraños animales, el océano cubría gran parte de lo que es hoy nuestro territorio. Sin embargo, el Norte Grande, nuestra casa, estuvo durante largos períodos sin la presencia de agua.

Esta fauna, digna de Steven Spielberg, queda en evidencia con hallazgos de icnitas (huellas) en la Quebrada de Chacarillas al interior de Iquique; pterosaurios (reptiles voladores) en el cerro Isla, cerca de Copiapó: ictiosaurios en el desierto de Atacama; y huesos de dinosaurios en Pichasca, al interior de Ovalle.

El último hallazgo tuvo lugar en la precordillera antofagastina. Es así como un grupo de investigadores de las Universidades Católica del Norte (UCN), Portsmounth (Inglaterra) y el Museo de Historia Natural de Karlsruhe (Alemania) encontraron restos de reptiles voladores.

 

INVESTIGACIONES

El impulsor de las excavaciones fue el geólogo de la UCN, Guillermo Chong. En los '70, ya había encontrado un cocodrilo marino cerca de Chuquicamata, con una data de 160 millones de años.

Todas las rocas cuentan una historia. Es por eso que la reconstrucción geológica de la Segunda Región tiene un nombre: Guillermo Chong, quien aclara que para el ser humano las dimensiones de tiempo medidas en millones de años escapan a la imaginación.

El académico asegura que en un principio fue un gran misterio la existencia de restos de moluscos marinos en las cumbres de los cerros, lo que provocó interpretaciones fantásticas. Gracias a la geología es posible afirmar que en el pasado el área coincidente con nuestra región "ocurrían otros procesos".

Sostuvo, por ejemplo, que la península de Mejillones es un terreno exótico, ya que se incrustó al continente actual.

En el pasado existieron bosques, ríos y distintas cadenas volcánicas, similares a la cordillera andina. El devenir geológico provocó que la tierra pasara a ser fondo de mar y viceversa. Indicó que la evidencia de esa historia son los fósiles.

 

DINOSAURIOS

La Tierra tiene una antigüedad estimada entre 4.600 millones y 5 mil millones de años, período en que los expertos dividen en eras: Precámbrica (4.600 a 570 millones de años); Paleozoica (570 millones de años); Mesozoica (225 a 65 millones de años), y Cenozoica (a partir de 65 millones de años). Durante este tiempo gran parte de Chile estuvo cubierto por el mar, lo que explica la existencia de fósiles marinos como corales y algas.

La excepción está en el Mesozoico, ya que hace 120 millones de años, entre el Jurásico y el Cretácico (dos de los tres períodos que dividen esa era), el Norte Grande estuvo sin mar.

Pablo Quilodrán, de la Sociedad Paleontológica de Chile, -en publicaciones recopiladas para este reportaje- explica que al interior de entre Taltal y Copiapó habían montañas y dunas muy suaves, siendo hábitat para reptiles voladores como los pterosaurios. En Pichasca, al interior de Ovalle, el ambiente era parecido a un bosque tropical con una fauna compuesta por los titanosaurios, grandes dinosaurios herbívoros y de cuello largo.

Mucho más cerca en la historia, hace 13 mil a 10 mil años, vivieron los grandes mamíferos que los paleantólogos clasifican como megafauna. Es así como en el sector del río Salado, cerca del río Loa, fueron hallados restos del machrauchenia, animal ancestro del guanaco y la vicuña, pero con trompa.

 



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