16/12/2001

Un pasado que está latente

Hay que caminar por sus calles y mirar para los lados para darnos cuenta que Antofagasta tiene un sentido patrimonial digno de mencionar y ser considerado por los grandes historiadores chilenos, sin el ánimo de tomar una postura chauvinista.

 

Por José Ossandón A.

Casa Giménez fue la primera edificación en el norte de Chile que contó con un ascensor. Hoy se mantiene como un símbolo de la ciudad.

Hace unos años la Real Academia Española (RAE) registró en el diccionario oficial del habla castellana el término Antofagasta, cuyo sinónimo "indeseable" molestó al común de los habitantes de este país y provocó la ira de los intelectuales que en Santiago hacen nata, al menos ésos que caminan por las principales avenidas del sector oriente de la capital con libros de Alvin Toffler y Raymond Carver debajo de las axilas.

A nadie de los habitantes de la Segunda Región le gustó que el concepto "indeseable" se relacionara con uno de los centros operacionales mineros más importantes de Sudamérica (¿y por qué no del mundo?); y por ende, con una de las ciudades pioneras, históricas de Chile. A tanto llegó la "afrenta", que los integrantes de la RAE (no entendiendo del todo el enojo) eliminaron la palabra y su significado y así terminó una historia... indeseable.

 

SENTIDO

Hay que caminar por sus calles y mirar para los lados para darnos cuenta que Antofagasta, si bien no tiene la belleza de La Serena y las playas de Iquique, contiene un sentido patrimonial digno de mencionar y ser considerado por los grandes historiadores chilenos, sin el ánimo de tomar una postura chauvinista.

El león de la plaza Colón, el Muelle Histórico, el Ancla, el reloj, la Catedral, la Casa Giménez y las ruinas de Huanchaca son algunos de los sitios arquitectónicos que los antofagastinos miramos, pero NO VEMOS. Si Antofagasta fuera un enorme tablero de ajedrez, muchos de estos monumentos patrimoniales pasarían a convertirse en elegantes piezas, como alfiles, torres, reinas y reyes.

Recorra con nosotros los rincones Antofagasta, la capital de la Segunda Región. Una ciudad que muchos ubican como la "Perla del Norte", aunque para mantener linda una joya hay que pasarle el trapito a cada rato, y así el polvo de la indiferencia termina diseminado, lejos, en el desierto de Atacama.

En plena soledad.

 

La Casa Giménez

Un español bajito que obedecía al nombre de Ismael Giménez abrió una tienda en calle Latorre. "Las Camelias" le puso. En uno de los tantos viajes que hizo a su tierra natal, conoció el trabajo artístico del arquitecto Espiau. Regresó a Antofagasta con algunos planos y cajas de cerámica andaluza. Compró un sitio eriazo justo en la esquina que une las calles de Matta con Baquedano y con la ayuda del constructor Jaime Pedreny (el mismo del "león de la plaza") levantó la Casa Giménez. Fue la primera edificación en el norte de Chile que contó con un ascensor (de ingeniería suiza). Hoy se mantiene como un símbolo de la ciudad.

 

El reloj de plaza Colón

Este reloj fue donado por la Colonia Británica en 1910, en el contexto del Centenario de Chile. Cuando las piezas llegaron a Antofagasta, no había alguien que entendiera la mecánica de esta reliquia. Se trató con varios especialistas, incluso un francés con residencia en Bolivia fue contratado para armar el reloj, pero al final debió volver al país vecino sin poder lograr el objetivo. Entonces la empresa Ferrocarril Antofagasta-Bolivia ordenó que el funcionario chileno Raymundo Allende, experto en reparación de maquinarias, dejara operacional lo que hoy muchos conocen como la réplica del Big Ben de Londres. "Es un profundo error, pues la mecánica del reloj de la plaza Colón es distinta que la del Big Ben. Sólo es similar el sonido que ambos emiten", asegura el vicepresidente del Consejo de Cultura y Patrimonio de la Segunda Región, Gerardo Claps Gallo.

 

Muelle histórico

 La reparación o no del Muelle Histórico es hasta hoy un tema de conversación obligado en el mundo intelectual. Para algunos antofagastinos esa arquitectura añosa -que se hunde lentamente en la rada- debiera desaparecer y dar paso a nuevos proyectos. Sin embargo, para una gran mayoría de habitantes, este patrimonio regional es el símbolo de la despreocupación de los gobiernos chilenos y el mejor -¿o peor?- ejemplo de la falta de conciencia cultural de los antofagastinos.

Por muchos años el Muelle Histórico perteneció al FCAB, hoy es zona de nadie. Algunos intentos por remodelarlo murieron como muchas edificaciones históricas que fueron demolidas por la insurrección de la modernidad (es el caso del castillo Abd El Kader).

Hasta este sitio legendario llegaron y salieron muchas embarcaciones transportadoras de salitre; como también naves del ejército chileno a finales de la Guerra del Pacífico.

 

El león de plaza Colón 

En 1910, y también en el contexto de los cien años de la Independencia de Chile, la Colonia Española encomendó la labor a Enrique Granada (un conocido comerciante de la época) y Zacarías Gómez (un hombre también de negocios, pero respetado por sus pares por su trabajosa dedicación a las artes y letras) a situar un monumento insigne en la plaza Colón.

Zacarías Gómez -quien fuera confidente de Gabriela Mistral cuando la poetisa vivió en Antofagasta- viajó a España con la misión de elegir y traer hasta nuestra ciudad la pieza indicada. Así fue como el constructor Jaime Pedreny levantó el monumento de la Colonia Española en la intersección de Sucre y Washington; en pleno vértice de la plaza. Tres son los símbolos de este monumento: dos mujeres españolas, un cóndor y, por supuesto, el noble felino.

 

La Catedral 

"A principio de 1872 los habitantes del pequeño pueblo de La Chimba -hoy Antofagasta- para satisfacer una necesidad espiritual sentida por la mayoría de los pobladores, reunieron por suscripción popular los fondos necesarios para construir una modesta capilla, a fin de tener un recinto en el cual pudieran practicar las ceremonias del culto católico". Así explica Isaac Arce en su libro "Narraciones históricas de Antofagasta" la fundación de la primera iglesia en nuestra ciudad, que con los años se transformaría en la Catedral.

Su fachada era de tablas de laurel, en bruto. Dos pequeñas campanas y un triángulo de acero colocado en un poste que sobresalía (de 4 a 5 metros de altura) constituía el campanario.

La Catedral, que se ubica frente a la plaza Colón, por calle San Martín, ha sido devorada por tres incendios durante su larga historia.



Copyright Empresa Periodística El Norte S.A.
M. A. Matta 2112, Antofagasta, Chile
Teléfono (56 55) 453600