21/10/2001

El retrato de un sicópata

A propósito de los crímenes de Julio Pérez Silva en Alto Hospicio, Iquique, conozca la oscura dimensión de estos hombres que visten y huelen igual que a nosotros pero... ellos matan sin remordimientos

 

Por José Ossandón A.

El Monstruo de Varillas

En la Segunda Región el fenómeno de los sicópatas no es desconocido. En la historia policiaca destacan dos casos con nitidez. El Monstruo de Varillas y El Sicópata de Antofagasta.

El primero residía en la Estación Varillas, a algunos kilómetros de Antofagasta y se desempeñaba como reparador de los cables del telégrafo de la empresa a un costado de la estación de trenes.

Cuando empezó la desaparición de personas que viajaban hacia y desde Antofagasta al interior, la policía investigó a este hombre y el lugar, sin encontrar nada sospechoso. Sólo vivía en ese sitio un solitario trabajador de aspecto buenachón y actitud apacible.

Este sicópata invitaba a su casa a personas que viajaban o esperaban el tren en Varillas, les ofrecía comida y alojamiento. Sin embargo, estas invitaciones tenían un claro propósito: asesinaba a sus huéspedes, les robaba sus pertenencias y los enterraba a pocos metros de su casa, en plena pampa.

El denominado "Monstruo de Barillas" terminó sus días frente al pelotón de fusilamiento en Antofagasta.

Mientras que el segundo caso ensombreció el apacible vivir de las antofagastinas; más aún, el de las universitarias. Su modus operandi era reconocible, casi una marca registrada en la fábrica de sicópatas: atacaba por detrás a jovencitas menudas, las obligaba con el cuchillo en el cuello a que obedecieran sus órdenes. Luego, en un sitio aparentemente abandonado, las ultrajaba.

Violó a 16 mujeres y fue sorprendido por la policía después que una de sus víctimas reconociera el olor de su perfume.

En el ámbito nacional destacó en la década del '60 el caso del "Chacal de Nahueltoro". Sin embargo, el sujeto no tuvo las características de un sicópata, al ser considerado un analfabeto y sin conocimiento de lo que era bueno o malo.

 

VIÑA DEL MAR

La ciudad de Viña del Mar fue escenario del macabro caso de Luis Brihier Lacroix, alias Emile Dubois, quien se obsesionó con el acto de cometer homicidios "perfectos", empleando su extraordinaria inteligencia y pasándolos por simples robos con violencia mortal.

Más tarde aquellas mismas calles de la Ciudad Jardín y de Valparaíso volverían a ser testigos de uno de los encuentros más aterradores que se manejan a nivel mundial sobre casos de criminología contemporánea: "Los sicópatas de Viña", quienes sembraron el terror entre 1981 y 1982.

Horrorizaron a toda la población. Produjeron un pánico colectivo, bajaron el turismo, obligaron a movilizar a miles de uniformados por las calles y hasta resguardar el desarrollo del Festival de la Canción de Viña del Mar, durante el verano. Un caso horrendo, espantoso, un escalofrío que se fue tan rápido como llegó, siendo hoy leyenda olvidada.

Los supuestos criminales en serie fueron ejecutados años después: Sagredo y Topp Collins.

Los crímenes en Alto Hospicio -caso descubierto hace unas semanas en Iquique- no son los primeros que ocurren en nuestro país y, claro está, en el mundo. Los sicópatas como Julio Pérez Silva (actualmente incomunicado en la cárcel de Arica) obedecen a un patrón poco definido en Chile, aunque criminalistas estadounidenses acaban de determinar que ciertas conductas obedecen a una reacción social y tienen que ver definitivamente con la corteza del cerebro.

Los investigadores basaron los nuevos hallazgos en la observación de sujetos con altos niveles de agresividad e incapacidad para acatar las normas sociales.

Usando técnicas complejas de exploración, los científicos de la Universidad de Iowa pudieron relacionar la conducta social anormal o sociopática, con lesiones de la corteza cerebral en la parte anterior del cerebro, aquélla ubicada por encima de la órbita hacia la región frontal.

Aseguran que los individuos afectados desarrollan actitudes opuestas al bienestar de la sociedad. Los hallazgos contribuyen a una mejor comprensión de la función del cerebro y de su alteración en cierto tipo de lesiones presentes en individuos sociópatas.

Concluyen, además, que el daño en estas regiones cerebrales ocurrido en etapas tempranas de la infancia interfiere con la adquisición normal de normas sociales, haciendo que las personas afectadas carezcan del conocimiento básico sobre convenciones morales y de comportamiento que les permitan vivir en sociedad.

 

VIOLENCIA EN IMAGENES

¿Influye la carga de violencia en el cine y la televisión para que alguien con la mente desequilibrada se convierta en un peligroso sicópata?

La tan esperada película "Hannibal", en la que el actor Anthony Hopkins da vida de nuevo al terrorífico asesino en serie Hannibal Lecter, ha sido supuestamente la motivadora de que un joven de 17 años degollase a su novia en Milán en la semana de su estreno en tierras italianas.

Este hecho dramático abre de nuevo la polémica de si las escenas de violencia en la televisión y el cine son perjudiciales para los televidentes.

¿Por qué nos atraen las escenas de violencia? Desde los comienzos de la civilización y en casi todas las culturas, el hombre ha sentido fascinación por las escenas de violencia. Sólo tenemos que hacer memoria para recordar a los antiguos romanos y sus circos-coliseo en los que el público aplaudía fanáticamente cuando un cristiano era devorado por los leones, o dos gladiadores luchaban hasta que uno de ellos era ejecutado.

Más recientes están los ajusticiamientos a los condenados, en donde torturas públicas, como la condena a la hoguera o a la guillotina, eran considerados espectáculos muy populares y aplaudidos.

Esto se debe, según los sicólogos, a que el hombre necesita constantemente una búsqueda incansable de experiencias, y que para permitir mantener despiertas las sensaciones, los órganos de los sentidos requieren estímulos cada vez más intensos.

Hoy, el sustituto del patíbulo, del coliseo y de la guillotina son las escenas que vemos cada día a través del cine y la televisión.

 

SICOPATAS EN SERIE

Los sicópatas provocan sensaciones extrañas, pues si bien la mayoría de las veces nos aterran, también nos atraen; al menos esa conducta bipolar: en el día son médicos, abogados, ingenieros, pescadores, profesores, periodistas... y en la noche son asesinos.

Nos estremecen las imágenes de televisión del pique donde fueron hallados los cuerpos inertes de las liceanas que asesinó el sicópata de Alto Hospicio. Sin embargo, el morbo actúa como un ente frío y calculador y queremos saber todos los detalles del asesinato. Compartimos, de alguna forma, los sentimientos oscuros.

De acuerdo a las conclusiones del sicólogo español Joan Calventus, todos en algún momento podemos tener actitudes sicopáticas "pero es determinante tu entorno social. Tu cultura. Tus valores".

Aunque pueda tener razón el profesional, existen algunos personajes de la literatura moderna que evidencian que no siempre un asesino tendría que provenir de un hábitat, de un "nido" violento. Es el caso de Patrick Bateman, protagonista de la novela "American Pschico", del controvertido escritor Breat Easton Ellis.

Bateman es un yupi que trabaja en Manhattan, que maneja un automóvil caro y que antes de salir de su casa por la mañana, se echa a lo menos una docena de lociones made in París. En las tardes almuerza con sus amigos, que son altos ejecutivos del mundo de las finanzas, y por las noches, después de asistir a un concierto de U2 o de Genesis, mata prostitutas, niños abandonados y "homeless".

 

VITRINA DE ASESINOS

Estos son algunos de los sicópatas más emblemáticos de la historia de la criminología mundial. Se darán cuenta que la mayoría de ellos obedece a un patrón común: saciar sus impulsos asesinos a través de un mecanismo aparentemente simple, pero que, aunque suene distante, exige la certeza de un orfebre. De un artista.

 

Jack El Destripador: Comenzó su carrera probablemente el 6 de agosto de 1888. Asesinó a una prostituta que respondía al nombre de Martha Turner. La ultimó con un largo y afilado cuchillo entre las 2 y las 3 y media de la madrugada.

Sin embargo, el primer crimen oficial, por así decirlo, y el que reconocen todas las crónicas, es el del 31 de agosto de 1888. Jack destripa a Mary Ann Nicholls (alias Polly, prostituta y alcohólica).

Este sicópata tenía una particularidad. Dejaba junto a los cadáveres, muchas veces desmembrados, una carta que daba cuenta de su autoría. Terminaba el manuscrito siempre con una postdata: "Suyo, Jack El Destripador".

 

El Carnicero de Milwaukee: Se trata de un asesino en serie estadounidense cuyo perfil sicológico es prototipo del hombre carente de todo aquello que hace tolerable llevar una existencia normal. Su actitud negativa le impidió tener amigos, relaciones, trabajos, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o simplemente un lugar dónde vivir. Nunca llegó a socializarse y su cavernoso interior emocional se fue degradando mientras llenaba ese enorme vacío de fantasmas.

Ya a los 20 años comienza a matar siempre que tenía ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía bebida con somnífero y finalmente las estrangulaba. Después de matar a su víctima conservaba el cadáver para formar una especie de altar en la habitación adornado con los huesos.

 

Andrei Chikatilo: Se le considera uno de los mayores asesinos en serie de la historia, nada menos que 53 crímenes en los diez años que actuó como depredador en las estaciones ferroviarias de la ex Unión Soviética.

En la escuela era muy introvertido y arrastró multitud de complejos que le atormentaban, era incapaz de aceptar su miopía, (sus primeras gafas las tuvo a los treinta años) y hasta los doce se orinó en la cama. Siempre era humillado por otros compañeros, cualquiera podía decirle lo que fuese, él se limitaba a escuchar y a aguantar... no es de extrañar que con el tiempo, su ánimo se llenase con las lágrimas contenidas y con todas esas injurias.

Como todos los ciudadanos soviéticos sirvió en el Ejército y luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: en lengua y literatura rusa, en ingeniería y en marxismo-leninismo.

 

CONDUCTAS FINALES

Los criminalistas revelan que al comparar a quienes mataron en un acceso de ira con quienes lo hicieron "a sangre fría", se observa que el flujo de sangre en estos últimos es más parecido al de las personas normales, lo que les permitiría regular sus impulsos para planificar tranquilamente su crimen.

Advierten también que el estudio descarta que un mal ambiente familiar sea decisivo en las conductas criminales. Al comparar asesinos provenientes de "buenas" y "malas" familias, incluyendo en estas últimas maltrato, abuso sexual, abandono infantil o padres delincuentes, se percató que los asesinos provenientes de núcleos familiares mal constituidos presentaron una actividad prefrontal similar a una persona normal.

Por eso no se fije sólo en la apariencia de un posible sicópata. Que éste vista Armani no lo descarta como tal. Sólo queda esperar que nuestro cerebro se modifique y descarte cualquier atisbo de perversión.



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