30/09/2001

Animitas, el mundo de los espíritus

Iglesia Católica y Evangélica no reconocen "virtudes especiales" de los muertos. Nuevos tiempos relegan fervor por fenómenos sin explicación

 

Por Fidel Moreno Jaquez

En el camino

En la carretera es donde más animitas se encuentran. Cada vez que se produce un accidente con consecuencias fatales para conductores o pasajeros, familiares o amigos de las víctimas marcan el sitio del suceso con una cruz, con piedras, un neumático o un "altar de campaña", donde siempre se recordará a los fallecidos.

Muchas han perdurado en el tiempo, como ocurre con el ya casi olvidado santuario existente en la intersección de la ruta a Calama y la pampa salitrera, donde en 1972 colisionaron de frente dos buses de la empresa Flecha Norte, dejando 19 muertos.

Más al sur se cuentan innumerables sitios de veneración, algunos de ellos arrasados por el progreso vial. Los que aún quedan están protegidos por arbolitos que generosamente son regados por los camioneros siempre presentes en la ruta.

Reconocido por todos es el sitio donde fallecieron varios pasajeros de un bus que chocó contra un camión cargado con concentrado de cobre, ubicado al norte de Taltal. En el mismo tramo está una animita que se caracteriza por lucir una bandera chilena, emblema desgastado por el tiempo y los fuertes vientos que barren el desierto.

El camino a San Pedro de Atacama fue escenario de la tragedia de dos camioneros que murieron aplastados por su propio vehículo, cuando al enfrentar una curva desestivó su carga. El trayecto Chuquicamata-Tocopilla también es famoso por una curva peligrosa, donde los accidentes se han repetido a través de los años, dejando señales de muchas personas fallecidas.

Los tocopillanos aún recuerdan el accidente que costó la vida de cinco jóvenes, cuando un camión cargado con mineral cortó frenos a la entrada de la ciudad.

Otro santuario de importancia para los vecinos de villa El Salto es el que levantaron a un costado de la población, donde se recuerda a las víctimas del aluvión de 1991.

De alguna forma el hombre vive ligado al mundo de los espíritus. La necesidad de creer en algo superior inspira la fe, sentimiento que se mezcla con el sentido de religiosidad popular para dar fuerza al "poder" de las animitas.

Un accidente de tránsito o cualquier otro hecho de sangre con víctimas fatales en la vía pública es suficiente para que la gente levante inmediatamente una animita en el lugar donde ocurrió la muerte. Una vela encendida recordará para siempre el lugar donde fue asesinada tal o cual persona, o donde quedó el cuerpo del atropellado.

Tres son las animitas más "milagrosas" que se conocen en Antofagasta: Elvira Guillén, Evaristo Montt y Juana Guajardo. A la primera se la recuerda en su tumba del Cementerio General, la otra tiene su propio lugar de adoración en calle Valdivia y la tercera reina en el santuario levantado en avenida Edmundo Pérez Zujovic, sector Caleta El Cobre.

Este tipo de creencia se manifiesta en múltiples sectores, aunque el progreso de la ciudad ha arrasado con esos pequeños santuarios que quedaron a lo largo de la avenida Costanera.

En las poblaciones Lautaro y El Golf también existen estas señales, en el lugar donde un joven fue asesinado a puñaladas, hecho que se repitió en la misma época y a sólo una cuadra.

 

HISTORIAS

La historia de la ciudad da cuenta de la catástrofe ferroviaria ocurrida el 15 de julio de 1924, cuando hizo explosión la caldera de una máquina del ferrocarril que se preparaba para iniciar viaje a Calama. Tres hombres murieron destrozados. El cuerpo del sereno Evaristo Montt, que en ese momento pasaba por el sector, fue expulsado violentamente hasta el mismo lugar donde hoy se venera su memoria. El accidente también cobró la vida del maquinista Juan Cáceres Gutiérrez y del fogonero Eulicio Ramírez Donoso.

En marzo de 1937 la comunidad conoció el dramático caso de abuso sexual contra una adolescente de 14 años, que desesperada por haber perdido su honra se disparó en el corazón. Elvirita Guillén trabajaba al servicio de una familia que residía en calle General Velásquez, lugar donde fue violada por un desconocido. El caso nunca se resolvió y tras un careo con las personas que habitaban la vivienda, la doncella se quitó la vida, aunque algunas evidencias del sitio del suceso hicieron presumir un homicidio, lo que nunca se resolvió judicialmente.

 

JUANITA

El cuerpo de la peluquera Juana Guajardo Burgos, conocida en el ambiente artístico como Sandra Le Roy, fue encontrado el 21 de febrero de 1983. Así se inició uno de los casos policiales más complicados de la historia criminal de "La Perla del Norte". Versiones encontradas dieron cuenta de un homicidio vinculado al tráfico de drogas, a la participación de personas ligadas a instituciones del Estado, aunque nunca se supo la verdad de lo acontecido.

Desde ese momento Caleta El Cobre se convirtió en un santuario. Ahí se improvisó una pequeña capilla ardiente construida con patentes de distintos vehículos, mientras el caso era investigado por el Cuarto Juzgado del Crimen, tribunal que ante las evidencias inmediatamente descartó un acto suicida, porque el desfigurado cuerpo de la mujer estaba atado a una zapata de ferrocarril, lo que hizo presumir un homicidio que la policía nunca resolvió.

 

IGLESIA

El manifiesto fervor popular por la memoria de personas fallecidas no es compartido por la Iglesia Católica y Evangélica.

Pablo Bañados, pastor de la Iglesia Jesús te Llama, sostiene que la Iglesia Evangélica no cree en los santos ni menos en las animitas. "Esta es una creencia llevada al extremo por la Iglesia Católica. Nosotros creemos en Jesucristo, porque es el único que intercede ante Dios por los hombres. Los muertos, una vez que dejan este mundo, están en la presencia del Señor y no influyen sobre lo que pasa en la Tierra, de manera que el culto a los muertos es paganismo puro, que no tiene relación con lo que dice la palabra de Dios, que pone como único mediador a Jesús, porque El es el camino para llegar al Padre".

Según el pastor, Dios quiere que los hombres se comuniquen con su espíritu a través de su hijo Jesucristo, por la oración y en su nombre. Aún así, la Iglesia Evangélica disiente abiertamente con el tema, que lo considera como una enseñanza antibíblica. "La gente busca solución a sus problemas prometiendo una velita a una animita, pero eso no es lo que Dios quiere. En su misericordia Dios hace muchos favores, pero también quiere que nosotros entreguemos amor y confianza hacia su persona. El quiere que hagamos su voluntad. Nosotros discrepamos con estas creencias populares, que por sobre todas las cosas consideramos erradas".

 

SACERDOTE

El sacerdote jesuita José Donoso sostiene que en nuestra cultura la religiosidad popular está profundamente arraigada, especialmente en la gente de escasos recursos, donde está la esencia del cristianismo.

"El fervor del pueblo se demuestra en los bailes religiosos, muchas veces criticados y mirados en forma despectiva. Esta es una forma admirable de expresar la fe".

Sin embargo, a la hora de hablar de las animitas, sostiene que la Iglesia nunca las ha bendecido. "Son aceptadas porque no podemos echar la aplanadora encima, aunque se trata de manifestaciones que dan pena".

En cuanto a las razones que motivan el rechazo, precisa que ha costado tanto beatificar al Padre Hurtado, que de ninguna manera se puede reconocer la divinidad o milagrosidad de una persona que murió en un accidente. "Si uno tiene fe puede encontrar en las iglesias sitios adecuados para rezar.

Los difuntos tienen su oportunidad en la misa, aunque este fenómeno popular tiene sus raíces en lo más prehistórico del hombre, que desde que apareció en la Tierra ha rendido culto a sus muertos. Estos signos han trascendido y deben ser orientados. Las animitas no obran milagros, tarea que sólo corresponde a Dios. Es el Padre quien escucha nuestros ruegos y que está presente cuando la gente pide ante una velita encendida. La Iglesia Católica respeta estas creencias, a la vez que estima que éstas deben ser encauzadas en el buen camino de la fe, porque no es lo mismo dar la vida por Jesús que haber fallecido a consecuencia de un atropello o acuchillado por un delincuente. No olvidemos que el animismo también está presente en las creencias de los pueblos indígenas, que veneran el sol, la luna, la tierra y algunos animales", precisó.

 

CULTO POPULAR

Analizado este fenómeno cultural desde el punto de vista ciudadano, en Antofagasta el tema parece decaer progresivamente. Ya no son tantas las velitas encendidas en el lugar donde falleció Evaristo Montt, calificado como el más milagroso a la hora de buscar empleo o pedir por la salud de un ser querido.

El santuario de calle Valdivia dejó de ser visitado con tanta frecuencia por sus fieles. Lo mismo ocurre en la tumba de Elvirita Guillén, lugar que sólo algunos devotos conocen dentro del Cementerio General.

Pedir, pedir, siempre pedir, por la salud, por el trabajo o la situación económica es la tónica que marca la visita a estos lugares de oración, fenómeno que en el santuario de Juana Guajardo ha deslindado en manifestaciones hasta grotescas.

El lugar es utilizado como punto de encuentro para "carretes" nocturnos de parejas, de jóvenes bebedores y de grupos que buscan un lugar para celebrar ciertos acontecimientos ligados a la vida bohemia. Así queda demostrado en los mensajes que los visitantes escriben en los muros y en las botellas de licor que se encuentran esparcidas en los alrededores, desvirtuando así la devoción popular desatada con la muerte de la bailarina.



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