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Y encontró pega... |
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Le salió la pega. Con esa frase me recibieron mientras subía la escalera que llevaba hasta las oficinas del templo del endeudamiento. ¿A quién? Pregunté, mientras la rápida imaginación voló y pensé en casi todo el mundo, en algún cajero, en un ejecutivo de cuentas, en todos, menos en el verdadero afortunado de estos tiempos, donde conseguir un nuevo trabajo, es casi un milagro. Un milagro del que sólo queda alegrarse... -¿Qué trabajo? Volví a preguntar. -El de la mina. Se nota que pones atención. Pero si eso fue hace tanto tiempo, que ni me acordaba, es m s, capaz que hasta Juanito haya dudado el día del telefonazo. -¿Ya subió? -No, le avisaron hoy que los curriculum no vencen, por si acaso. Tiene que hacerse los exámenes y si sale todo bien, la próxima semana se quedará arriba. Y de qu‚ lo contrataron. Volví a importunar la alegría de todos los que comentaban, pero esta vez nadie contestó. Me miraron y pa' arreglarla dije: ah... de mecánico. Francisco volvió la vista y sin muecas dijo con tono aletargado: No, lo contrataron de lubricador. A eso postuló. Seguí, como si ese día alguien me hubiera transformado en un tarado preguntón que no tenía nada mejor que hacer. Pancho nuevamente al camino, ahora con la cara llena de risa: "Chaaa... el amiguito" Cuando te cuento algo mío. En una de las camionetas que transportaba la valija y para algunos encargos, llegó hasta el banco, hace algún año o un poco m s. Serio. Muy serio los primeros días y dedicado sólo a lo suyo, no tardó en librar las primeras risas y mientras trabajaba muy entusiasmado, contaba las cosas de su casa. Problemas típicos de familia, su niña, su esposa, su perro enfermo, en fin tantas cosas que le ocurren a la gente que elige la vida de casado. Sin enojos y con bromas certeras, los nuevos y los viejos -que son los que saben- decían que era un buen cabro y pese a eso todos querían que se fuera. Que encontrara un trabajo relacionado con sus estudios. Nunca puso mala cara, es más, a los que estaban medios "amargos" los remecía con un claro y tajante: qué pasa maestro... El día que se fue, conversó con los jefes y dejó todo claro. Jamás tuvo un problema, incluso conversó acerca de un malentendido. Nadie tendr¡a motivos para comentar, aparte de las cosas buenas. Que era empeñoso, dedicado, agradecido. La camioneta no estuvo parada ni un momento. R pido encontraron a un reemplazante y a la mañana siguiente el vehículo andaba por las calles y con los encargos como todos los días. Hay que hacer algo: un asado, algo para tomar, o a conversar por último, pero no se puede ir así. ¿Dónde? Parece que había entrenado tontera y las preguntas que no servían para nada estaban a la orden. Da lo mismo. Juan Pablo -pensativo y con cara de búsqueda- miraba para todos lados como esperando encontrar la respuesta en algún rincón. Carracedo alzó: en la casa de él. Lo importante es cuándo, la cuota no importa. Lo dejamos para fin de mes y estamos listos. No dijeron qué mes, no he querido preguntar. Se fue, le ha ido bien y ya nadie sabe para cuándo quedó el asado. |
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