14 /05/2001

Chacabuco, imágenes In Situ

La oficina Salitrera de Chacabuco es uno de los últimos testigos de una historia de riqueza, trabajo y prosperidad, que forjó el desarrollo del Norte Grande de Chile.

La industria del salitre no sólo sentó las bases para el crecimiento económico de esta zona, sino que dejó un testimonio, esparcido a lo ancho y largo del desierto. En la época de prosperidad, fueron más de ciento treinta los campamentos salitreros que se levantaron, para luego ser olvidados y destruidos.

Por diversos factores, Chacabuco es la oficina mejor conservada de la Segunda Región. Construida en 1924, fue el último establecimiento calichero implementado con el tradicional sistema Schanks y el más grande en su tiempo. Extendida en 36 hectáreas, fue equipada con maquinaria capaz de producir 15 mil toneladas métricas de nitrato al mes.

En la actualidad, aún se conservan -oxidadas y casi en ruinas- la maestranza, la casa de máquinas y una enorme estructura de pilares que albergaba los estanques de lixiviación.

El pueblo fue el ejemplo de una ciudad industrial, que llegó a tener cerca de 5 mil habitantes, que contaban con todas las implementaciones necesarias: teatro, hospital, hotel, escuela, pulpería, mercado, gimnasio, piscina, canchas de fútbol, y una plaza.

Aún se conservan las viviendas de los obreros, alineadas y construidas de adobe, y las tortas de ripio, que dejaron de recibir material con la llegada de la depresión.

La oficina paralizó sus faenas definitivamente en 1940. Aparte de las bien conservadas ruinas, y uno que otro intento por restaurarlas, el legado de Chacabuco es casi desconocido. El Festival Cultural que cada año convoca a miles de pampinos en el pueblo, ha traído de vuelta la vida y la alegría de los primeros años.

Ahora, los recuerdos -que lograron ser plasmados en fotografías- fueron reunidos en un proyecto que tendrá un lugar estable en el Teatro de Chacabuco, consistente en una exposición permanente de imágenes del trabajo en la oficina en el segundo y tercer piso del edificio mejor conservado.

El proyecto fue financiado por el Fondart y ejecutado por el diseñador gráfico Fernando Castillo Barcaro, con la colaboración del Museo Regional y la Biblioteca de la Universidad Católica del Norte.

Es una retrospectiva fotográfica que también fue recopilada en un disco compacto (CD), cuya música corresponde al grupo Punahue.

 

Por Jorge Vera Yáñez



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