Después del 11 de septiembre de 2001, el mundo nunca más será igual y para Estados Unidos. Al igual que con las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, en Japón. Las secuelas se han transformado en material dramático que se siente con especial énfasis en el cine fantástico y en el denominado apocalíptico, en especial cuando este género permite que afloren los miedos. Este terror se evidencia en filmes tan dispares como 'Cloverfield - Monstruo', en la deslumbrante última versión de 'La Niebla', en la atosigante '2012' y en ésta, una pequeña gran película, que escarba en el terror colectivo, especialmente oculto en la vida cotidiana de los estadounidenses. PARANOIA La partida es 'El peor de los miedos': con un par de datos, una pareja se despide una mañana que parece será rutinaria en los suburbios de Los Ángeles. Ella va al trabajo y él quedará practicando música. Acaban de mudarse y todavía no terminan de desempacar. A los minutos, el protagonista se entera de que han estallado bombas en el centro de la ciudad que empiezan a esparcir un venenoso gas y en medio de los anuncios desordenados de la radio, las llamadas de teléfonos y el caos comienza la paranoia, alarmados por la posibilidad de un ataque -locura alimentada desde el mismo gobierno de George W. Bush-. Así, el clima cotidiano se convierte en terror y pronto en claustrofobia: el protagonista queda aislado del resto, con un vecino que llegó de improviso y sin saber qué pasa con su mujer. Surgen viejos miedos guardados en el inconciente colectivo: desde xenofobia hasta los delirios de persecución, del miedo a lo desconocido hasta desconocer al verdadero enemigo. Secreto Lo más terrible es que nunca sabemos qué ocurrió, quién es el enemigo e incluso hasta puede pensarse que se trata de una pesadilla. Pero el terrorismo pelea desde la guerrilla, es silencioso y secreto, y ataca en el lugar y momento menos pensado: el centro mismo de la casa. Es curioso, pero un filme como éste -cero efectos especiales, con apenas un trío de protagonistas, casi sin escenas de exteriores- produce muchas más sensaciones de terror que películas como '2012'. La insinuación, nerviosismo, tensión, en el rutinario filme de Roland Emmerich es solamente efectos digitales. Nada entonces es más efectivo que las insinuaciones, los atisbos, el no mostrar casi nada, el arriesgarse a armar un cuento apocalíptico como éste apoyado con escenas notables: las columnas de humo a lo lejos, la caída de la ceniza sobre el jardín, las conversaciones de la mujer que no puede entrar a su propia casa. Riesgo 'El peor de los miedos' es, en su economía de recursos, un filme arriesgado que nos trae a la memoria ese filme también paranoico y nocturno que fue "Una hora antes de la muerte", donde un tipo corriente se entera que antes de una hora estallará la guerra nuclear en Los Ángeles. 'El peor de los miedos' es un drama con ribetes brillantes, que funciona tanto como psicodrama o catarsis, y como un potente filme apocalíptico. El director y guionista de este filme, Chris Gorak, lleva el concepto de Hitchcock de repetir escenas cotidianas al paroxismo de manera genial: provocando que los espectadores descubran, atónitos, que el verdadero terror está en nuestro propio interior. |
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