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Sábado 22 de noviembre de 2008
Tradición y amor a la italiana

jose astudillo gomez

jastudillo@mercurioantofagasta.cl

Al repasar los ejemplares de periódicos y revisar las fotografías del álbum familiar expuesto de manera generosa y franca, Lucía Santoro Bustamante siente la íntima satisfacción de ser una de las descendientes de una de las familias italianas que se arraigó con espíritu y vocación de servicio en tierras chilenas.

El periplo iniciado desde Sicilia por su tatarabuelo Gaetano Santoro en el siglo XIX dejó una huella fecunda. Esta es seguida por el bisabuelo, Francesco, y después el abuelo Giusseppe Paolo Santoro Cavallaro, quien había nacido el 11 de enero de 1858 en San Filippo de Agira, Sicilia.

HIJOS

Todos ellos tuvieron una gran descendencia que, en algunos casos, alcanzó los once hijos.

El padre de Lucía, don José René Santoro Aldunce, nació el 10 de septiembre de 1919 y contrajo enlace con Ida Aldunce Guzmán.

En los recuerdos familiares se destaca que uno de los precursores, al llegar hasta la entonces incipiente ciudad de Antofagasta, abrió las puertas de un próspero negocio que denominó (como era de esperar) "La joven Italia".

Estaba situado en la esquina de las calles Latorre con Sucre. Rápidamente, se fue haciendo conocido por su buena atención y cordialidad de sus propietarios.

Lucía Santoro Bustamante es asistente social y su hermano Renato es ingeniero civil.

Recuerda que mantiene su presencia en la Sociedad Italiana que reunió siempre a las personas venidas desde Europa y que se avecindaron -de preferencia- en Santiago, La Serena o Antofagasta.

BOMBEROS

En su relato, pone de relieve la enorme identificación que los Santoro poseían con el Cuerpo de Bomberos, en especial, con la Segunda Compañía que llevaba el nombre de Italia.

Así, Calogero y Giusseppe Santoro recibieron de parte del Gobierno de Chile la medalla "Bernardo O'Higgins" por su valiosa contribución a la sociedad.

También participaron en la creación de grupos scouts y otras tareas de bien público.

Los hijos de Lucía y su esposo, el académico universitario Roberto Lehnert, son Hans (dentista), Robert (médico), Max (diseñador gráfico) y Lorelein (dueña de casa).

Las huellas de los Santoro están hoy diseminadas en el norte y la capital, pero el espíritu cordial pervive imperecedero.

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