Usted está en : Portada : Crónica Domingo 6 de mayo de 2007

Sorprendente hallazgo arqueológico en la región

Restos corresponden al periodo anterior a la Guerra del Pacífico

Todo comenzó cuando un grupo de operarios trabajaba en los alrededores de Quillagua, instalando torres de alta tensión. El uso de maquinaria pesada para remover la tierra significó la remoción de gran cantidad de material, en una superficie constituida por una capa de chusca, más abajo por arena y después piedra caliza.

Grande fue la sorpresa de la cuadrilla al darse cuenta que una de las poderosas máquinas a su paso había arrasado con un grupo de cuerpos. Y es que los antecedentes previos indicaban que no existía ni un cementerio ni restos arqueológicos en el lugar, una ladera ubicada unos 800 metros al oeste del poblado que se emplaza cerca del límite entre las regiones de Antofagasta y Tarapacá.

Mayor fue el asombro de los investigadores con el paso del tiempo, al determinar que no se trataba de un solo entierro, sino de dos, situados a unos tres metros uno del otro, aunque ambos enterrados en la capa de arena y finalmente mezclados por el paso de la maquinaria pesada.

Uno, contenía varios cuerpos que posteriormente fueron fechados por los arqueólogos en el periodo formativo tardío, hacia el 230 d.C. Algunos tenían turbantes y se encontraban con tubos insufladores de hueso, utilizados comúnmente para aspirar alucinógenos.

 

asombro

Pero había un cuerpo que no correspondía a este entierro masivo, fácilmente identificable por sus rasgos físicos y su data de muerte mucho más reciente: los años anteriores a la Guerra del Pacífico de 1879.

Se trataba de un culí, nombre con el que se denominaba a los chinos traídos mediante engaños a Sudamérica y sometidos a la esclavitud en los territorios peruanos y bolivianos, entre otros.

Sus restos se conservan hoy en el museo municipal de Quillagua, en regular estado de conservación y a la espera de un trato mejor que el que seguramente tuvo en vida.

Los culíes trabajaron principalmente en las guaneras de la costa peruana y de las actuales regiones de Tarapacá y Antofagasta, así como en tareas agrícolas y mineras en los mismos territorios, hasta Mejillones por el sur.

El investigador y visitador especial del Consejo de Monumentos Nacionales en la Segunda Región, Claudio Castellón, fue uno de los llamados a rescatar los cuerpos descubiertos en 1984, junto con Carabineros de Quillagua, y asegura que probablemente este culí sirvió en el sector en funciones agrícolas.

No es difícil identificarlo como asiático, debido a sus ojos, la típica barbilla usada por los culíes y por la forma de sus párpados.

Aunque hay otros rasgos que llaman más la atención, como sus pómulos caídos y abultado hígado, lo que da cuenta de una avanzada cirrosis, seguramente porque, como explica Castellón, muchas veces les pagaban con trago.

Este culí probablemente sirvió como esclavo en el sector, era alcohólico y con toda seguridad murió mientras dormía, quizás a la intemperie. Esto, porque no fue enterrado en la típica posición de sepultación, sino en la forma como su cuerpo se puso rígido tras encontrar la muerte.

Eso sí, tardíamente, ya que se estima que falleció a los 40 años, una edad avanzada para los estándares de la época, más aún para los esclavos que trabajaban en el desierto nortino.

Sin embargo, la "momia china de Quillagua", como se le conoce, parece perpetuar el sufrimiento del espíritu que alguna vez habitó ese cuerpo, maltratado por el hombre y la naturaleza, y que se expresa en el dramático rictus con que pasó a la eternidad.

De hecho, muchos creen que incluso fue castrado, pero la verdad del caso es que los ratones se encargaron de darle una postrera humillación a un ser humano que en vida ya tuvo demasiadas.

 

Engaños

Los culíes venían de Amoy o Macao (China) o Filipinas a trabajar por 4 años, al fin de los cuales supuestamente serían ricos. Pero eran esclavizados y al cumplirse el contrato les informaban que para pagar el pasaje de vuelta debían trabajar 4 años más.

Más del 50% moría en las bodegas de los barcos en el viaje.

En las guaneras dormían en hoyos, cargaban sacos de 120 kilos y debían correr por angostos senderos y cruzar puentes al borde de precipicios. La noticia de que debían trabajar 4 años más los enloquecía y abundaban los suicidios y las rebeliones, sometidas con balazos, tortura y la muerte (los ataban y dejaban a la intemperie para que murieran de calor, sed e inanición).

 

Ayuda a las tropas

 

El avance de las tropas chilenas por el desierto en la Guerra del Pacífico trajo la libertad a los chinos, que acompañaron a los soldados hasta Lima. Surgió incluso un líder de la libertad culí: Quintín Quintana, que tomó ese nombre. Especie de "Espartaco" oriental, entusiasmó a sus connacionales, y miles de chinos -hombres y mujeres- se enrolaron como auxiliares de las tropas, facilitando el avance chileno.

Actuaron de zapadores, derribando las tapias para el paso de la caballería. También transportaron las municiones y armas, además de servir de enfermeros, salvando a los heridos chilenos, y muchos empuñaron las armas.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto