Usted está en : Portada : Opinión Jueves 11 de enero de 2007

Un alcalde para recordar

Floreal Recabarren

El tiempo corre inexorablemente transformando en nebulosa los recuerdos. Los seres humanos estamos más próximos a vivir el presente. El hoy va olvidando poco a poco el ayer.

En pocos días más, el Alcalde Santiago Gajardo Peillard -Chaguito para sus contemporáneos- cumple cuatro meses de fallecimiento. Su administración municipal marcó una etapa histórica importante. Eran los tiempos en que los alcaldes ganaban diez mil pesos mensuales. Eso los obligaba a trabajar para financiar su vida y la de su familia y dejar un corto tiempo para atender la alcaldía. Más bien era un cargo honorífico. Gajardo es el iniciador de los alcaldes dedicados en jornada completa. Según él, debía correr contra el tiempo. Había tantos problemas. El más urgente era solucionar el embargo que la Cía. Eléctrica hizo sobre fondos del municipio.

El Alcalde Gajardo invirtió un alto porcentaje de recursos para resolver el sistema de vida que llevaban los sectores más modestos: sin luz, sin agua, sin vías para llegar a sus hogares. Marginados. Junto con los pobladores, tendió cañerías, instaló postes y abrió calles. Una revolución. Chaguito se convirtió en la esperanza de los más abandonados. Un aire fresco entró al municipio a través de sus puertas abiertas.

Desde que asumió la alcaldía, Gajardo puso su interés en construir vías estructurantes. El sector de la costa, comprendido entre los baños municipales y el puerto, estaba abandonado. Una vieja línea ferroviaria que en su tiempo sirvió para transportar bloques para el puerto, oxidada y destruida, hacía más lóbrego el paisaje. Guarida de ebrios y ladronzuelos.

Tras muchas dificultades se abrió la costanera, sueño muy deseado por la comunidad ¿No es pues, justo rebautizarla con su nombre? ¿No se ha hecho merecedor a ese homenaje? Su nombre actual de Avenida Grecia puede ser reemplazado por el de Alcalde Santiago Gajardo. Lo digo con el perdón de todos los helénicos que ya son chilenos.

Las vías estructurantes le quitaron el sueño a Gajardo. Hacia el norte era casi imposible movilizarse. La avenida Rendic era sólo un intento. Santiago emprendió la tarea. Aplaudido por unos e incomprendido por otros. "Lo hace - dijo un concejal - para que el pueblo pierda su dinero en la pata de los caballos". No obstante la avenida Cautín fue una realidad.

Hoy viven dos personas que fueron testigos directos de su obra: Lucy Casali Castillo y yo, fuimos regidores de esa progresista administración.

El pueblo premió a su alcalde. En la reelección no sólo triunfó él con una amplia mayoría, si no que fue capaz de arrastrar a cuatro compañeros de lista. Inédito en nuestra historia local.

Es, pues, de justicia perpetuar el nombre de un alcalde modelo de la ciudad.

 
 
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