Usted está en : Portada : Reportajes Miércoles 27 de julio de 2005

100 años en el corazón de Antofagasta

Miles de historias y recuerdos marcan centenario del Liceo “Marta Narea Díaz”. Uno de los establecimientos más tradicionales de la ciudad está de cumpleaños, y no es cualquier celebración. Son 10 décadas de fecunda labor educativa

Por Alexis Molina Tapia

Las nuevas generaciones son testigo de los cambios experimentados por el establecimiento. Uno de ellos es la apertura de matrículas a los varones.

Marta Narea Díaz

El Liceo de Niñas de Antofagasta llevó ese nombre hasta 1987, cuando se decidió honrar a las personas que marcaron el devenir del establecimiento. En algún momento se pensó el nombre de “Lenka Franulic”, destacada periodista antofagastina y ex alumna del liceo. Pero primó el nombre de Marta Narea Díaz, quien se desempeñó como directora entre 1969 y 1971. Su mirada certera y carácter recio, pero profundo humanismo, son las características que las ex alumnas recuerdan. “Hasta ese momento los directores eran de oficina, pero ella rompió esquemas y siempre estaba en terreno. Marcó a muchas personas con su estilo y personalidad”, recuerda la directora Jacqueline Durán.

 


 

Ex alumnas

 

Son miles las alumnas que han pasado por las salas del Liceo de Niñas, cuando llevaba ese nombre. Algunas bastante destacadas, como Ilia Aramayo, famosa cantante lírica que llegó a la Scala de Milán. Ella viene la próxima semana para participar en el aniversario. Lenka Franulic, Premio Nacional de Periodismo, también estudió en el liceo. La actriz Teresa Ramos es otra de las personalidades reconocidas que se formaron en el plantel. A ellas se suman doctoras, abogadas, profesoras y hasta compositoras, todas unidas por el mismo sentimiento: ser ex liceanas.

 


 

El destino

 

Jacqueline Durán, la directora del liceo, cuenta una anécdota que marcó su vida. En 1961 ella era alumna y su curso partió en gira de estudios a Iquique, Arica y Tacna. Marta Narea, en ese entonces inspectora general, las acompañó. “Las habitaciones se distribuyeron por pareja y yo me hacía la interesante. Cuando veo las listas, me doy cuenta que estoy sola. La señorita Narea me dice ‘usted se queda conmigo’ y yo sólo tuve que aceptar”, relata. Y entre risas agrega: “Me acuerdo que mientras todas mis compañeras la pasaban bien, yo tenía que acostarme a la misma hora que ella. Fue terrible. Me quise escapar y me pilló. ‘A dónde vas’, me dijo. Creo que fue el destino que nos unió esa vez, porque yo, años después, llegué a ocupar su mismo lugar, lo que es un orgullo”.

 


 

Pioneros

 

El Liceo “Marta Narea Díaz” ha sido pionero en educación. Recibió alumnas embarazadas antes de que fuera obligatorio, lo mismo que estudiantes discapacitados visual y auditivamente. En cuatro oportunidades ha recibido la excelencia académica. Una de las “joyitas” que el establecimiento luce ahora es su programa de inglés, inédito en el país hasta hace poco tiempo. “Inglés más allá de la reforma” comenzó en 2000 y pretende que los niños que partieron desde kinder salgan hablando esa lengua. De hecho, las clases son 100% en inglés. Este plan se vio reforzado con la llegada el año pasado de profesores de Estados Unidos en el marco del programa World Teach.

Tiene 100 años y miles de historias que contar. Por sus pasillos han pasado notables personajes, así como perfectos desconocidos, pero todos unidos por ese sentimiento que, según sus ex alumnas, traspasa el tiempo, costumbres y modas.

Es el Liceo “Marta Narea Díaz”, que el próximo domingo cumplirá 100 años de vida con una salud envidiable, firme, como para seguir adelante en el proyecto educativo que lo lleva a ser uno de los establecimientos educacionales emblemáticos de Antofagasta.

Aunque, claro, para ser justos hay que decir que su centenaria historia está ligada a otro nombre, al del Liceo de Niñas, una marca fuerte que se mantiene hasta hoy en la memoria de miles de mujeres que pasaron por sus aulas.

Pero ésa es una discusión menor, porque la esencia y mística es la misma que se comenzó a tejer ese 17 de julio de 1905, cuando el Liceo de Niñas de Antofagasta inició sus funciones con 120 alumnas –señoritas como se diría en la época-, en un edificio en calle Baquedano.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces. Hoy tiene un gigantesco edificio en Orella, la matrícula supera los 1.670 alumnos y quizás el cambio más drástico en las últimas décadas, es que ahora recibe a hombres, rompiendo una tradición que duró casi 90 años.

Desde 1987 el liceo recibe su actual nombre en homenaje a la ex directora Marta Narea Díaz.

 

MISTRAL Y SABELLA

Pero eso son los fríos números que complementan una rica historia cuya principal esencia es el factor humano, los personajes que con sus vivencias y anécdotas han forjando por décadas una mística que nada tiene que envidiar a la de otros establecimientos de la ciudad.

Marcado a fuego está el paso por las salas de dos ilustres de la literatura nacional, Gabriela Mistral y Andrés Sabella, quienes, en distintas épocas, encantaron a cientos de estudiantes con sus historias y materias.

Ambos personajes marcaron un hito en el liceo. De hecho, tienen un espacio ganado en la centenaria historia del “Marta Narea Díaz”. Por un lado, la poetisa tiene un museo donde se pueden apreciar los libros que usó en su paso por el establecimiento, entre 1911 y 1912. Su firma –con su real nombre Lucila Godoy- está estampada en varios de ellos.

En el caso del escritor antofagastino –que hizo clases en la década del 70-, la biblioteca del liceo lleva su nombre y una foto suya mira desde lo alto a los pequeños que acuden a sumergirse en los libros.

Toda una vida ligada al ex Liceo de Niñas. La directora Jacqueline Durán dice sentirse privilegiada de haber desarrollado su carrera docente en el plantel educativo que la formó como persona y profesional.

 

HISTORIAS

Jacqueline Durán, directora y ex alumna del establecimiento, tuvo la suerte de conocer a ambos vates, aunque en situaciones completamente distintas. A la Premio Nobel de Literatura (1945) la conoció en 1954, cuando ella tenía 10 años.

“Me eligieron para entregarle un ramo de flores en su paso por Antofagasta”, recuerda. “Es la única imagen que tengo de ella. Tres años después murió”, agrega.

En el caso de Sabella, ella ya era profesora del establecimiento cuando el “maestro” comenzó a impartir clases. “Sus clases eran una maravilla. El contaba historias, dibujaba, encantaba a las alumnas”, dice entusiasmada.

Pero Jacqueline Durán también tiene su propia historia que contar. Está ligada al liceo desde 1957, cuando ingresó a primero de Humanidades, proveniente de la Escuela de Aplicación. “En esa época entrar al Liceo de Niñas era un gran logro. Había que postular. Cuando yo entré estaba muy emocionada”, relata.

Egresó en 1962, estudió Filosofía e Historia, y el destino quiso que en 1973 volviera, pero esta vez como docente. “Las que habían sido mis profesoras me decían ‘tutéame niña’... me costó mucho, pero me acostumbré”.

En 1994 asumió como directora, algo que nunca imaginó. “Me sentía muy incómoda en la oficina, me pellizcaba para creer lo que estaba viviendo”, confiesa, por estos días algo agotada con todos los preparativos del centenario.

Las actuales dependencias del Liceo “Marta Narea Díaz” (ubicadas en calle Orella) se terminaron de construir en 1955. Hoy albergan a una población escolar de 1.670 alumnos.

 

DOÑA NELLY

Pero si hay un personaje que destacar es doña Nelly Ochoa. Llegó al Liceo de Niñas como inspectora de piso en 1948. Tenía sólo 18 años. Hoy, 57 años después y ya jubilada, sigue trabajando en la que ella considera su segunda casa.

En ese entonces, el actual edificio tenía sólo 3 años de funcionamiento y en sus pisos superiores estaba el internado de niñas, que recibía a las alumnas provenientes de Pedro de Valdivia, la ex salitrera Francisco Vergara, Chuquicamata y Taltal.

“En ese tiempo las niñas eran señoritas, no como ahora”, dice medio en broma medio en serio la señora Nelly. “Yo enferma y todo igual vengo”, agrega, mostrando ese carácter determinado por el cual es reconocida en el plantel educativo.

Tal es el aprecio que el liceo tiene por esta funcionaria que un sector completo del establecimiento, el de la entrada principal, donde hay una galería de fotos de las directoras, se llama “Nelly Ochoa”. “Yo no quería, pero igual lo hicieron”, dice.

 

CAMBIOS

Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas. El liceo también ha sabido de momentos difíciles y cambios complicados.

Como la larga lucha por contar con un recinto adecuado para enseñar. Los trámites comenzaron en 1911 y llegaron a buen puerto recién en 1936. En 1940 partió la construcción de las primeras dependencias del actual edificio, que fueron inauguradas cinco años después, aunque el traslado total se completó en 1955.

Las numerosas reformas que la educación chilena experimentó en el siglo pasado también fueron sorteadas con éxito por el liceo, pese a lo complejas y difíciles que en algún momento parecieron ser.

Ya en el último tiempo, su directora cuenta que uno de los momentos más críticos se vivió en la década de los 80, cuando ella se desempeñó como jefa de la Unidad Técnica Pedagógica (UTP).

En esos años el liceo, por decisión gubernamental, fue abierto a toda la comunidad y, de ser un establecimiento que seleccionaba a sus alumnos, debió recibir a una avalancha de jóvenes. En algún momento la matrícula sobrepasó los 2.300 estudiantes.

“Fueron años de mucho estrés y dificultades. Todo el esquema del liceo cambió y fue difícil sacar la labor educativa adelante. Creo que todavía estamos en eso”, admite.

El Museo Gabriela Mistral testimonia con material gráfico y escrito el paso de la poetisa por las aulas de la unidad educativa entre 1911 y 1912.

 

MISTICA

Son historias como éstas las que han fraguado esa identidad que muchas ex alumnas del Liceo de Niñas –que desde 1987 se llama “Marta Narea Díaz” en homenaje a una directora- sacan a relucir al momento de hablar de sus estudios. O en ocasiones tan especiales como los aniversarios.

En el desfile del próximo domingo, las ex alumnas enfilarán con los uniformes de sus respectivas épocas (el liceo ha tenido tres). La directora espera que unas 500 ex liceanas participen en la marcha. Según el revuelo que ha generado el centenario, la meta podría cumplirse.

“Hay ex alumnas que viajarán especialmente a Antofagasta para participar en las actividades. Hay unas que incluso vendrán desde el extranjero”, asegura Durán.

María Cristina García, subdirectora del establecimiento y también ex alumna, ratifica este profundo sentimiento de arraigo y amor con el establecimiento. “Este liceo marca a las personas porque entrega valores, fortalece la autoestima de las personas. Es educación, pero también formación”, explica.

“Estar acá, justo cuando el liceo cumple 100 años, es una experiencia fabulosa. Son muchos los sentimientos, porque es una historia, un hito, y nosotros estamos en medio de todo”, dice García.

Este espíritu es el mismo que contagia miles de personas que han caminado por sus interminables pasillos. De hecho, su centro de ex alumnas es uno de los más dinámicos de la ciudad, lo mismo que el centro de ex funcionarios. “Esto demuestra la identidad, la mística que genera el liceo”, cuenta Durán.

Sobre el momento histórico que le toca vivir al frente del liceo, la directora asegura que es un hito y que en la retrospección, el saldo es más que positivo. Sobre el futuro, recurre a una metáfora. “En el logo de nuestro centenario está el ave fénix, nuestro símbolo. Tal como esa ave, estamos renaciendo de las cenizas para seguir adelante y enfrentar los nuevos desafíos”.

 
 
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