Usted está en : Portada : Reportajes Jueves 23 de junio de 2005

El misterio inca del Licancabur

Leyenda atacameña por décadas ha despertado imaginación de aventureros

La laguna del volcán Licancabur también guarda misterios para los científicos de la Nasa, quienes rastrean periódicamente la presencia de microorganismos en ambientes extremos.

El interés y la sed del hombre por el oro llega a límites insospechados, incluso para arriesgar su propia integridad con el propósito de cambiar su destino.

Los pueblos del interior, específicamente San Pedro de Atacama, albergaron infinidades de historias sobre riquezas y botines. La idolatría a los dioses y la gran cantidad de metales preciosos hicieron que los aventureros buscaran pistas sobre un magnífico tesoro, que en forma especial se llamó la “boda mítica”.

Aseguran que este rico legado del pasado se encuentra en la laguna del volcán Licancabur, a 5,916 metros sobre el nivel del mar. Su nombre significa “cerro del pueblo” y fue venerado por los incas quienes realizaban ceremonias y dejaban ofrendas en el cráter del macizo.

 

MONTAÑA SAGRADA

Varias expediciones se han aventurado en la búsqueda del deseado botín, pero siempre sin encontrar nada nuevo bajo este sol que los derrotaba una y otra vez para que regresaran sin nada bajo el brazo.

Para los atacameños, el Licancabur es una montaña sagrada, donde los sacerdotes se comunicaban con sus divinidades en los santuarios habilitados especialmente para ello en lo más alto de la cumbre.

En un lenguaje metafórico, los lugareños hablan de una “boda mítica” con el cerro Quimal, donde estaría escondido un fabuloso tesoro. De hecho, se cree que en ciertas fechas se hacían ceremonias paralelas en ambas cumbres.

 

RITUALES

No hay certeza absoluta sobre qué tipo de rituales eran celebrados en el volcán, pero se cree que eran de adoración al Sol y, eventualmente, de fertilidad. Lo que sí es más claro es que el pueblo de Licancabur – ubicado en los faldeos del volcán – no fue utilizado para otra cosa que acoger a los peregrinos que se acercaban al macizo para sus ceremonias especiales.

De ahí se cree que en su cumbre existan riquezas, ya que muchos ritos -especialmente los incaicos– estaban marcados por la fuerte presencia del oro.

En el cráter existe una laguna cubierta de hielo durante la temporada de invierno, y ése sería uno de los lugares donde estaría sumergido este rico botín de oro.

Al estar en ella y observar las ruinas de altares y campamentos construidos por los incas, es inevitable pensar en la profundidad de su fe, en el esfuerzo y la voluntad que los llevó a ascender a esta impresionante altura en tan inhóspitas condiciones, y venerar con el metal más precioso a sus deidades.

 

HISTORIA

La historia de este protector del pueblo es muy especial. En los tiempos que los incas dominaban el norte y centro de Chile, para calmar los arrebatos del Dios (ahora apagado) se echaron a la espalda piedras recortadas y otros presentes para el espíritu del Licancabur, y comenzaron a trepar los 2.400 metros de la llanura, para llegar finalmente a la cima.

Construyeron allí sus pircas, depositaron sus ofrendas, hicieron sus oraciones y descendieron con el alma ligera.

Los descendientes de aquellos indígenas todavía temen y reverencian al espíritu del volcán y las gigantescas pircas existentes en su cumbre.

Esa es la razón porque nunca se atrevieron a robar el inmenso tesoro que guarda entre sus brazos este temido volcán, que según los lugareños, si es tocado, la ira de este Dios descenderá contra su pueblo y destruirá todo a su paso por la eternidad.

 
 
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